Pierden los conservadores

Amando de Miguel

Ni siquiera la palabra se admite. Los que tendrían que llamarse conservadores o liberales prefieren pasar por el sucedáneo de populares. Los cuales, acomplejados para no parecer franquistas, aceptan lo nuevo y extravagante como superior a lo tradicional. Así, no tienen empacho en reconocer legalmente que ya no existe el sexo de las personas, transformado en orientación sexual voluntaria y caprichosa. Legalizados por primera vez en la historia el matrimonio homosexual y la transexualidad, solo queda reconocer el matrimonio con animales domésticos o con parientes próximos. Vamos camino de ello al conceder a los animales los derechos humanos. Suena muy franciscano, pero se trata de una aberración. El incesto dejará de ser el tabú sagrado aceptado por todas las civilizaciones, al entenderse que la orientación sexual debe ser libérrima.

Otro capítulo de la vida social que se ve alterado por la confusión actual es el derecho de propiedad, acaso el más antiguo de todos. Hoy se vulnera continuamente con toda tranquilidad. Los llamados okupas (forajidos), que se pueden meter aviesamente en un edificio público o privado, gozan de la más generosa impunidad. Ningún partido de los que mandan tiene en su programa acabar con tal desafuero. También para esto se necesitaría un partido liberal-conservador al frente del Gobierno.

Acaso lo de los okupas sea solo una pintoresca anécdota. Lo más grave es que aumentan los delitos contra la propiedad hasta un límite insoportable. Toda España se encuentra enrejada y pertrechada de alarmas y cajas fuertes. Este es el paraíso de las empresas de seguridad, pues el Estado se muestra incapaz de parar la ola de robos. No parece que se cumpla el viejo requisito del Estado como monopolio de la violencia.

Un atentado menor contra el derecho de propiedad es el llamado IBI (impuesto de Bienes Inmuebles). Consiste en tener que pagar una alcabala todos los años por seguir disfrutando de la casa en propiedad de uno. Cuando la compró, ya pagó todos los impuestos y licencias, pero por seguir utilizando ese bien hay que seguir contribuyendo. Es un pecho digno de la Edad Media. Ahora los pecheros somos todos.

Existe una amplia base social para un partido que conserve las buenas tradiciones y defienda de verdad las libertades. Desgraciadamente, esa parte de la sociedad ha sido anestesiada por el opio del fútbol, la droga sintética de la telebasura y la marihuana de los juegos de azar.

No digo que toda la sociedad deba pasar ahora a respetar las tradiciones y el sentido común. Solo me asombra y escandaliza que no se reserven unos cuantos escaños en las Cortes de la nación para un partido liberal-conservador.

Bien está que haya lugar en el espacio público para los partidos progresistas. Pero, por favor, que no se lo lleven todo. Más escandaloso me parece el hecho de que haya un partido presuntamente de derechas que vaya del ronzal que llevan las izquierdas.

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