Paradojas y perplejidades de la política

Amando de Miguel

La política, antaño noble dedicación transmitida por herencia, se ha convertido en la manera de airear las andanzas de unos cuantos afortunados hombres públicos (y mujeres, claro). Sin esa dedicación habrían tenido poco papel en el mundo profesional. Tanto es así que, a través de tal personalización y su continua presencia en los medios, se ocultan las cuestiones que realmente preocupan a la sociedad. De esa forma los políticos se lavan las manos como Pilatos, patrono histórico del gremio. La prueba es que del Imperio Romano no se conocen gobernadores tan eminentes como Poncio Pilatos, que incluso pasó a rememorarse en el Credo.

Una inversión de sentidos tan llamativa se ha generalizado con éxito gracias al diabólico invento de la comunicación instantánea, universal y aparentemente gratuita, de incesantes mensajes e imágenes. Ni los más osados autores de relatos de ciencia ficción supieron imaginar el prodigio de la internet. Que no es solo juego o afición de adolescentes. Los gobernantes le han cogido gusto a tuitear, una forma de comunicarse tan irresponsable como los saludas de antaño. Eran piezas de información que nadie firmaba, pero que imponían.

Lo que ahora se conoce en los medios como "política" tiende a reducirse al intercambio de dimes y diretes sobre las andanzas de un reducidísimo núcleo de altos cargos, los que maman directamente de la ubre del erario. Se trata de saber con detalle qué dijeron ayer esos tales y qué van a hacer mañana con la mayor precisión posible de las circunstancias de lugar y tiempo. Las ideas de cada uno de ellos apenas se discuten, pierden interés, si es que alguna vez lo tuvieron. Es más, gracias a la adscripción de las siglas del partido de pertenencia se puede conocer automáticamente lo que piensa el quídam de turno.

La política toca inevitablemente la lista de problemas que aquejan a la gente del común, pero no se espere que se vayan a resolver. Por ejemplo, vaya usted a saber qué solución libre de impuestos pueda tener el llamado "problema catalán" o, en otra escala, el calentamiento global. Da la impresión de que muchos políticos viven y medran de la existencia misma de esas u otras cuestiones irresueltas. Se trata de acumular cambios legales continuos hasta dar la impresión de que los gerifaltes trabajan en pro del bienestar general. Obsérvese, por ejemplo, la incesante sucesión de reformas fiscales o educativas. Se hace creer que la última siempre es la que conviene a la población. En cuyo caso se oculta que la anterior regulación debía de ser bastante injusta.

Asunto inquietante: ¿Cómo se explica que en el País Vasco no se haya agudizado el mismo mal que en Cataluña con su ensoñación de la independencia? Hombre, los jelkides (los señores de "Dios y fueros") vascongados lo han sabido hacer mejor. Han conseguido la combinación óptima para que sigan mandando siempre las mismas familias. Tan inteligente es esa continuidad que ni siquiera necesitan ser corruptos. Gozan de los privilegios de estar protegidos por el Estado español (ahora también Unión Europea) y encima no pagan tantos impuestos, al igual que los navarros. En cambio, los políticos nacionalistas catalanes, aunque presuman de seny (sentido común y pragmatismo) no han sabido moverse con igual soltura. Para mantenerse en el poder necesitan corromperse. Se sabe queSabino Arana aprendió de los regionalistas catalanes del momento la forma de crear un partido nacionalista con éxito. Ahora el viaje tendría que ser al revés, que los independentistas catalanes, tan cobardes e irresolutos ellos, se dieran una vuelta por el txoko vasco.

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