Mamá, yo quiero ser tertuliano

Amando de Miguel

La nueva profesión de tertuliano en la radio o en la tele resulta la mar de lucida. El contrato laboral es harto precario, cercano a la economía de plantación de las antiguas colonias o a las fábricas textiles de Asia. Sin embargo, hay tortas para figurar en la nómina de las tertulias. Por algo será. Los tertulianos son el equivalente de los sabios de antaño.

Para obtener el codiciado puesto de tertuliano se precisan algunas condiciones. La principal es ser muy locuaz y sobre todo saber interrumpir a los demás. Un truco para que a uno no le interrumpan los otros es introducir esta cláusula: "Por tres razones". O también "dicho lo cual" después de una parrafada. También funciona muy bien lo de "estamos hablando". Ante tales expresiones se consigue que los contertulios le respeten a uno y le escuchen atentos durante un minuto.

Aunque parezca increíble,es conveniente que al tertuliano lo identifiquen los oyentes o videntes con un partido o partida, por más que verbalmente el susodicho se declare independiente. Los que de verdad quieran ser independientes es mejor que se vayan preparando para otros menesteres menos lucidos. Por ejemplo, jefes de gabinete o de recursos humanos.

Lo fundamental y más difícil es que el tertuliano sepa hablar con soltura el tertulianés. No es un lenguaje codificado, sino que se va haciendo según el momento. Por ejemplo, hay que saber denunciar el "postureo" de los políticos o de los demás hombres públicos (y mujeres públicas, naturalmente).

Si el tertuliano desea pasar por progresista (cosa aconsejable), no se olvide de repiquetear lo de "hombres y mujeres, ciudadanos y ciudadanas", etc. No obstante, absténgase de decir "parados y paradas", "corruptos y corruptas".

La suprema inteligencia del tertuliano o tertuliana consiste en dejar caer palabras o palabros con un sentido algo distinto al originario. Enumero unas cuantas: bucle, ámbito, poliédrico, sinergia, transversal, contundente, recorrido, relato, icono, referente (sustantivo), deriva, calado. Ante el peligro de que sus opiniones suenen a prédicas, hará nuestro hombre o mujer en dejar caer algún "a mi juicio", sobre todo si lo que sigue es una consigna del partido correspondiente. Quedaría muy feo reconocer que la opinión que sigue es a juicio de los que mandan.

Las formas importan mucho, sobre todo en la tele. Puede ayudar la imagen de que el tertuliano se provea de una tableta electrónica o artefacto similar. Debe utilizarla durante la conversación, lo que le permite no hacer caso de lo que dicen los demás. Cuídese especialmente de referirse siempre a personas conocidas, no a ideas. De otra manera, hará ver sus ignorancias. Lo mejor es opinar sobre cualquier cosa con suficiencia; para eso está ahí apoltronado. El buen tertuliano debe dar la impresión de trabajar para la señora Google.

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