Los taumatúrgicos tests

Amando de Miguel

Son ganas de manejar palabras impronunciables para un aparato fónico como el de los hispanos. "Tests", con tres consonantes seguidas, no hay forma de pronunciarlo. No digamos si encima se dice "los kits de los tests". Todo se deriva del prestigio que supone pegarse a los vocablos anglicanos. A veces se traduce literalmente, olvidando que en español hay una equivalencia más asequible. Por ejemplo, lo de "prueba y error", que no se entiende bien. ¿No sería mejor decir "tanteo", una sola palabra?

La moda es ahora las voces con el prefijo des-, que indica negación. Ya estamos todos con la operación de desescalar, que es algo así como desmultiplicar los desmanes del confinamiento. Habrá, pues, que desconfinarnos un poco, aunque me temo que esto va para largo. No creo que podamos descontaminar del todo nuestro ambiente, plagado de virus y otras proteínas maléficas. Y ello para no hablar del desplome de la economía, que va a ser nuestro inminente descalabro.

Claro que todo esto del desescalamiento es para ocultar el verdadero desastre de un Gobierno que simplemente no se hace cargo de los problemas. Es más bien un desgobierno, con un verdadero desbarajuste o desaguisado de una burocracia desproporcionada. Un solo dato. En el nuevo Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030 (con categoría de una de las cuatro vicepresidencias) funciona una Secretaría de Estado para la Agenda 2030. A su vez, de ella depende la nueva Dirección General de Políticas Palanca para el Cumplimiento de la Agenda 2030. Todo ello orlado de múltiples gabinetes y asesores sin cuento. Y encima sin que nadie se ocupe de las residencias de ancianos, que teóricamente se adscriben a todo ese retórico organigrama. Han sido el foco de la mayor mortalidad del virus chino. Simplemente, la mayor parte de los ancianos enfermos no han podido acceder a las UCI (unidades de cuidados intensivos). Por si fuera poco, los sanitarios de las residencias de ancianos han caído como moscas al no disponer de los medios de protección suficientes. ¡Toma Agenda 2030!

Se nos dice que entramos en una "nueva normalidad". La expresión suena a la novela 1984 de Orwell. No es broma. El Gran Hermano está ahí vigilándonos, con nuestros teléfonos geolocalizados. Parece una fake news, pero es real. Los usuarios de la Guasap (o como se escriba) no pueden enviar todos los mensajes que deseen. Basta con que alguno mencione el Gobierno o cosa parecida, el Gran Hermano decide que el mensaje no se cursa.

Bien, ya nos encontramos en la nueva normalidad, pero el virus chino sigue estando ahí, como el dinosaurio del famoso cuento. Ni siquiera nos podemos fiar de las estadísticas que desgrana todos los días el fiel Simón. Es un alarde totalitario (mendacidad y propaganda) que no se veía desde los años 40 del pasado siglo.

A pesar de repetirlas tanto, no están claras las medidas que nos permiten desescalarnos o desescalanonarnos un poco. Podemos salir hasta un kilómetro de nuestro domicilio. Se excluyen, por tanto, los que carecen de domicilio. Pero algún gerifalte precisó que se trata de movernos en un radio de un kilómetro de radio. No es lo mismo una línea de un kilómetro que un círculo de un kilómetro de radio. Me sigue preocupando que nadie haya pensado en la dificultad para que los novios puedan verse personalmente. ¿Habrá bodas telemáticas? ¿Valdrán las confesiones y comuniones católicas del mismo modo?

Lo peor está por venir. Supongamos que el virus se va extinguiendo poco a poco, más por cansancio que otra cosa. Pero ¿quién asegura que no habrá un rebrote en el otoño? ¿Estamos seguros de que este Gobierno será capaz de atajar la posible nueva versión de la epidemia? Aunque aparezca la vacuna (que lo dudo), ¿servirá para la nueva cepa del virus? Se acentúan mis dudas. ¡Ah, doctor Simón, fíjese cómo está el mundo!

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