La solución final

Amando de Miguel

Llevo nueve meses platicando un rato largo todos los días con mi amigo Pedro Paredes, analista político. La primera conclusión de nuestras parladas: desde hace algún tiempo no ha hecho más que aumentar nuestra sensación de desencanto respecto a la idiocia de los principales líderes políticos. Lo último es la engañifa de las condiciones de regeneración política para formar Gobierno. Donosa tomadura de pelo a los españoles.

Antes de las segundas elecciones, mi amigo y yo coincidimos en la solución más fácil para salir del laberinto que supone formar Gobierno. Consistía en algo muy ensayado ante situaciones de emergencia: una especie de Gobierno de salvación nacional. Dado que los partidos actuales no saben ceder para formar un Gobierno de coalición, el Rey propondría a una personalidad independiente con ese encargo. Sería una persona capaz de hablar de tú a tú y sin traductor con los gerifaltes de Bruselas y de Frankfurt. Ninguno de los actuales líderes españoles sabría hacerlo. El nuevo jefe de Gobierno incorporaría a su Gabinete a otras personas independientes o de los distintos partidos. La solución era muy bonita, pero impráctica, aunque la personalidad convocada fuera De Guindos.

A mi amigo Pedro se le ha ocurrido ahora la solución final, que dejaría a todos contentos. Ante la próxima sesión de investidura de Rajoy, Podemos se abstendría sin condiciones, solo con la mira de hacerse respetar como partido constitucional, cosa que ahora no es. El gesto precipitaría el sí de C´s, también sin espurias condiciones. Rajoy podría formar Gobierno. La oposición principal pasaría a Podemos y demás ralea.

Ante tal supuesto, el PSOE podría seguir erre que erre con su veto a Rajoy. Sánchez continuaría hasta el final en su lucha contra “el partido de la corrupción”, disimulando así los latrocinios de los socialistas. Sería una estupenda oportunidad para que el PSOE se refundara. Ya no necesita ser obrero, ni siquiera español, pues ya no necesita ser la sucursal española de una inexistente internacional obrera. Sánchez no tiene más remedio que aceptar la propuesta de irse de catedrático a Harvard.

C's no tendría más remedio que desdecirse de las erráticas condiciones que trató de imponer al PSOE y luego al PP. No parece elegante llamar regeneración a una lista de medidas inconexas y caprichosas, que esconden el ansia de sillones que tienen los de C's, en contra de lo que predican.

Los de Podemos quedarían como auténticos estadistas, cosa que no son y que no lograrían ser de otra forma. Quizá les sirviera para constituirse en un auténtico partido de la izquierda, y no la amalgama de desgarramantas resentidos que son ahora.

El PP gobernaría por fin, aunque de modo efímero. Por lo menos sería mejor que nueve meses en funciones (y cobrando). Sus ministros y diputados se ganarían el sueldo. Bien es vedad que la operación terminaría con la salida de Rajoy por el bien del partido y de la nación.

En definitiva, la solución propuesta dejaría contentos a casi todos. Es cosa harto difícil en las pugnas por el poder. Pues de eso se trata, seamos sinceros. Lo que los españoles exigimos es que la operación nos cueste lo menos posible.

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