El mito del IPC

Amando de Miguel

Es sabido que los acrónimos de tres letras gozan de una general aceptación: PIB, ONU, IRA, UGT, FAO, BBC, ETA, USA, EPA, SOS, IVA, etc. También el IPC, o índice de precios al consumo. Se expresa por un guarismo cuasi taumatúrgico.Se presume que la variación anual del IPC revela la situación de bienestar del pueblo. Lo cual es una falacia por varias razones.

En primer lugar, por muy refinada que sea la estadística, las variaciones anuales del IPC (y no digamos las mensuales) no pueden ser muy válidas para calibrar el nivel de vida de los contribuyentes. La razón principal es que, con el desarrollo económico, muchos precios tienden a bajar. Son los más ligados con el avance industrial. Es evidente, por ejemplo, que el precio de una bombilla o de una llamada de teléfono es ahora mucho más bajo que hace una generación. No es menos cierto que el precio de ciertos servicios (atención sanitaria, servicio doméstico, etc.) no han hecho más que subir conforme se desarrollaba el país. Por este lado, unas oscilaciones tan divergentes no pueden indicar bien el nivel de vida de la población.

Pero es que el cálculo del IPC tampoco parece muy fiable según la economía se va haciendo cada vez más compleja. En efecto, la diversidad de precios para los artículos o servicios es hoy mucho mayor que hace una generación. Una misma empresa puede ofrecer distintos precios para ciertos artículos o servicios según la época del año o las campañas de ofertas, promociones o rebajas en las que decida embarcarse. Al final, resulta difícil estimar cuál es el precio medio de las cosas.

Una dificultad añadida es que el IPC solo puede derivarse de una muestra estadística con unos pocos precios. Sería complicadísimo que en la fórmula entraran todos, ni siquiera la mayoría. Así pues, nos encontramos con una estadística muy aproximada, sometida a grandes márgenes de error.

Se comprende ahora la falacia de expresiones como esta: "Las pensiones se acomodarán a las oscilaciones del IPC". Aparte de que tal enunciado sea un imposible estadístico, la realidad es que los pensionistas no consumen de todo; sus pautas de consumo distan bastante de las de sus hijos o nietos. Se podría diseñar un IPC especial para los jubilados. En él contarían mucho los precios de los gastos relacionados con la salud y los servicios del hogar (electricidad, gas, agua, etc.).

Aunque se calculara bien el IPC, el cómputo solo serviría para unos pocos años. Cuando consideramos un tiempo más largo, las necesidades varían más que los precios. Es inútil comparar el nivel de vida de una generación respecto a otra, puesto que el abanico de necesidades es distinto para ambas. De poco sirve decir que el teléfono es ahora más barato que hace unas décadas, cuando lo fundamental es que ahora se trata de un consumo básico, generalizado y de constante uso. ¿Cómo comparar el precio de un patinete eléctrico con el de su versión tradicional? Lo mismo se podría decir de una silla de ruedas eléctrica o manual. Los ejemplos son infinitos.

Se entenderá ahora lo irrelevante que es el objetivo de hacer crecer el monto de las pensiones según el IPC de cada año. Puestos a buscar un criterio cuantitativo y fácil de aplicar, lo mejor sería incrementar anualmente la cuantía de las pensiones de acuerdo con la variación de los salarios o del PIB (el valor de todo lo producido). Aun así, tropezaríamos con un cúmulo de inconvenientes estadísticos parecidos a los dichos. Por ejemplo, en el cálculo del PIB no entra la economía sumergida, sea o no criminal. Quizá fuera más práctico elegir un solo dato de un precio medio como criterio de indexación de las pensiones. Por ejemplo, podría valer lo que se conoce como el recibo de la luz, que, por otra parte, resulta incomprensible. Es un gasto muy necesario, más todavía para los jubilados.

Debe quedar claro que a la mayor parte de los pensionistas el Estado no les regala nada. Las pensiones equivalen normalmente a lo que en su día pagó el interesado a la Seguridad Socialde su tiempo activo. Por tanto, son un ingreso que no tendría que tributar a Hacienda. Pero esa es otra historia.

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