El Gobierno pierde legitimidad a chorros

Amando de Miguel

Que es como si perdiera aceite, en el sentido mecánico de la expresión. Es una legitimidad, que se llama “de ejercicio”. La verían apreciar las Cortes, pero también el pueblo, cada uno de nosotros. Desde luego, es un argumento discutible, pero, por eso mismo, merece ser aireado. (Ahora se dice “ponerlo sobre la mesa”).

No se plantea una “legitimidad de origen”, pues, el Gobierno actual ocupa el banco azul del Congreso con todas las de la ley. Aun así, no se olvide que fue el resultado de una “moción de censura” contra el anterior Gobierno del PP, tras aunar el apoyo de una gavilla de heteróclitos partidos, todos republicanos. El que más escaños ocupaba era el PSOE, así que Sánchez quedó entronizado como residente del Gobierno, sin que hubiera que convocar ninguna votación popular. A partir de esa legitimidad de origen, empezaba a contar la de ejercicio. No es suficiente establecerla con el número de diputados que sostienen al Gobierno, ni siquiera con el respaldo estadístico que le dan las encuestas. Por tales procedimientos, Sánchez sigue siendo legítimo. Pero queda el difuso margen de las opiniones vertidas en los medios, y eso que casi todos aparecen controlados, directa o indirectamente, por el Gobierno. Así hay que entender el decálogo siguiente, una especie de “memorial de agravios”, como se decía en la época del Imperio. Era una buena institución democrática. Todos los puntos son discutibles, aunque algunos no se discutan mucho:

  1. El Gobierno no ha sabido llevar a cabo, con eficacia y soltura, la lucha contra la epidemia del virus chino. Ni siquiera se puede confiar en las estadísticas del Ministerio de Sanidad, relativas al número de contagios y de fallecidos. El pingüe mercado de pruebas y mascarillas (que, encima, es de obligado consumo) no se corresponde con la idea de una sanidad pública, general y gratuita.
  2. El Gobierno no tiene ni idea de cómo resolver el problema del pavoroso desempleo, que nos azota inmisericorde, y no solo para los trabajadores por cuenta ajena.
  3. El Gobierno se ha enredado con el perenne conflicto frente a Marruecos, claudicando, servilmente, a las insaciables pretensiones del sultanato. Encima, ante el centenario del Desastre de Annual.
  4. El Gobierno solo sabe desplegar la política económica, diseñada para los tiempos de guerra, de subir los impuestos y gravámenes de todo tipo. Se incluye el recorte real de las pensiones.
  5. El Gobierno socialista se subordina a las iniciativas de sus compinches: los populistas o comunistas (de corte latinoamericano) y los secesionistas (vascos y catalanes). El conjunto es, básicamente, republicano.
  6. El Gobierno maneja, con descaro, los instrumentos de propaganda de los regímenes autoritarios.
  7. El Gobierno no ha sabido despejar las sospechas de que Sánchez no fue el autor de su tesis doctoral. La mejor prueba de tal duda es que Sánchez no ha aportado ningún trabajo posterior, derivado de la misteriosa tesis.
  8. El Gobierno, en plena crisis económica, ha alimentado un elefantiásico plantel de “asesores” y similares. Es una forma de clientelismo.
  9. El Gobierno ha representado un papel, realmente, ancilar en los organismos internacionales, a los que España pertenece y que tantos dineros nos cuesta.
  10. El Gobierno se ha metido en un laberinto, al auspiciar la “autodeterminación” de Euskadi y de Catalunya, entidades que nunca fueron colonias, ni siquiera reinos medievales.

El decálogo expuesto es solo una invitación a la serie de cargos, que se podrían exponer, como una suerte de “juicio de residencia”, para recuperar, otra vez, la tradición clásica. Habla, pueblo.

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