El gatuperio estadístico

Amando de Miguel

El espectáculo del doctor Simón, farfullando ininteligibles argumentos, flanqueado por la bandera de España y el escudo del Estado, manifiesta la degradación política a la que ha llegado nuestra democracia. A decir verdad, se trata de un verdadero crimen contra la nación a través de la manipulación (o mejor, pediculación) de las estadísticas. La insufrible plática (confusa, profusa y difusa) supone un embrollo deliberado para escamotearnos una realidad tan grave como la de los efectos de la pandemia del virus chino. Es algo más que mentira; es mendacidad simoníaca.

Vamos a cuentas. ¿No quedamos en que había un mando único para resolver la lucha con el virus chino? Entonces, ¿a qué viene ese baile de cifras que establece libérrimamente cada región, cada una con sus propios criterios? Como es lógico, cada autoridad autonómica se muestra interesada en disimular todo lo posible la gravedad de la epidemia en sus tierras. Así podrá demostrar su éxito político y forzar a que le dejen pasar a la siguiente fase de más facilidades para el vecindario y el comercio. El resultado es que, después de tres confinados meses de lucha contra la peste, ignoramos el número real de fallecidos y de contagiados por el dichoso virus. El número de fallecidos puede oscilar entre 25.000 y 50.000, en números redondos. No está mal el pequeño margen de error. Parece una burla la ceremonia del luto oficial, cuando no se puede conocer una lista precisa de las víctimas mortales.

Con lo fácil que hubiera sido que el Instituto Nacional de Estadística recogiera día por día los datos pertinentes de cada provincia a través de su red de competentes funcionarios. Los fallecidos son los que son así certificados por un médico, con la especificación de la correspondiente "causa de muerte". Es un procedimiento que lleva haciéndose desde hace más de un siglo. Es una estadística que se puede obtener en tiempo real (de forma instantánea) y se puede enviar telemáticamente cada día. Es más, el trámite permite saber no solo cuántos muertos se producen, sino cuáles son sus nombres y apellidos. Esa información nominal es una condición básica para que pueda organizarse la ceremonia del luto y homenaje de la nación a los caídos por la pandemia.

La estadística de contagiados es más difícil de sustanciar, pero igualmente se puede obtener mediante los oportunos partes médicos, con el detalle de los síntomas conocidos de la enfermedad. No debería darse el caso de un enfermo que no pasara por la correspondiente atención médica. Desgraciadamente, es una condición elemental que puede que no se haya cumplido todas las veces. ¿No disponíamos del mejor sistema sanitario del mundo? Ya se ve que no. Era solo triunfalismo. Como el repertorio de los misteriosos "científicos" o "expertos" que aconsejan en la sombra a las autoridades sanitarias.

Da vergüenza el elevado número de fallecidos que no han sido atendidos hospitalariamente. Nos encontramos patidifusos, ante una especie de genocidio simbólico. No otra cosa es el siniestro triaje por el que a los enfermos de más de 80 años simplemente se les negaba el tratamiento hospitalario de los otros pacientes. Maldito sea el político del que dependen las residencias de ancianos. El camarada Iglesias es comunista; yo tampoco.

A continuación