El español endiablado

Amando de Miguel

Todas las semanas mi amigo y yo intercambiamos enjundiosos y divertidos mensajes sobre la política y el habla de los españoles. Mi amigo es un distinguido lingüista japonés, Nikita Nipón, o N-2, como él firma coloquialmente. Es profesor de lenguas romances en la prestigiosa Universidad Sophia de Tokio. El hombre se hace cruces con las dificultades que encuentra al desentrañar el sentido de muchas palabras corrientes. Su idea es que hay sentidos positivos (encomiásticos, ponderativos, admirativos, deseables) y negativos (vituperables, desdeñosos, peyorativos, despreciativos). Por lo visto, en japonés y en otras lenguas cultas se mantiene la misma distinción. Sostiene el profesor N-2 que el problema para el aprendizaje del español es que una misma voz o su afín puede manifestar un sentido positivo o negativo. Todo depende de la frase o del estado anímico del hablante, que se traduce por la necesidad de hacer gestos o de emitir palabras groseras. Mi amigo me proporciona algunas ilustraciones que él plantea en sus clases para la desesperación del alumnado.

Veamos. Tomemos la voz árbitro como la persona neutral que dirime los conflictos. Nada más noble y digno de encomio. Pero un arbitrista es una persona que propone planes caprichosos y poco realistas; por ejemplo, la independencia de Cataluña. Más negativo aún es arbitrario, persona que se comporta de forma interesada y caprichosa con daño para otras.

El cruce de sentidos se produce con una misma palabra en casos como el de contundente. Observa N-2 que en España se utiliza ahora mucho en un sentido francamente positivo, quizá porque los españoles admiramos la firmeza, la rotundidad. Pero el verbo contundir significa golpear con fuerza, algo próximo a machacar. Luego lo contundente debería estar cerca de lo violento y desagradable.No es así lo que observa mi amigo en los discursos y declaraciones de los políticos españoles.

A mi amigo japonés le fascina la voz regular. En principio quiere indicar que algo se ajusta a las normas o reglas; nada más laudable en una sociedad civilizada, en un Estado de Derecho. Por eso le maravilla que una persona mayor diga, por ejemplo, que anda "regular" de salud, esto es, con achaques y desarreglos varios. En el ambiente escolar o académico un estudiante que vaya "regular" equivale a que no aprende mucho o hace el vago.

Otra palabra anfibológica para el hispanista japonés es tremendo. En principio, significa algo terrible, que causa temor. Pero en el habla de los españoles actuales se emplea como equivalente de extraordinario, maravilloso, admirable; es decir, el significado casi opuesto.

Hay más casos que me plantea mi amigo con asombro y curiosidad. Por ejemplo, infeliz, teóricamente la persona desgraciada o infortunada. Pero en el habla coloquial la persona cándida o inocente que da ternura.

O también, complicado, esto es, lo que se compone de muchas piezas, de varios elementos. Pero los españoles de hoy dicen mucho que algo es "complicado" para indicar que resulta dificultoso, embarullado, de ardua solución.

Así pues, concluye mi colega N-2, "el español es un idioma endiablado, que se adapta muy bien a la disposición de enredar las cosas, de hacerlas difíciles". Me pone el caso del llamado "problema de Cataluña", que para él es más bien un problema de España, nada complicado y sí muy arbitrario. Le animo porque al menos ya se ha dado cuenta de que la lengua es la expresión del alma colectiva de un pueblo, que ahora dicen "ciudadanía".

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