Vacaciones al abismo

Agapito Maestre

"Mientras trabajes, trabaja; mientras juegues, juega". Es la traducción española de "work while you work, play while you play", una máxima anglosajona, casi un lugar común entre los defensores más cerrados del luterano espíritu capitalista, que trata de separar radicalmente la diversión y el trabajo. La obligación de tu trabajo, o mejor, cualquier sombra de tus deberes profesionales, jamás debe turbar tu periodo vacacional; y, naturalmente, tampoco debemos aceptar que nuestros impulsos más placenteros y sentimientos lúdicos perturben nuestro tiempo de trabajo y actividad seria. Para estos defensores de una vida estabulada en compartimentos estancos no sólo es menester mantener separadas ambas esferas de la existencia, sino que es necesario reprimir permanentemente a esos dos ámbitos para que no se contaminen entre sí. Eso de trabajar y, a la vez, disfrutar tiene que ser denunciado con rapidez y contundencia, según estos defensores del trabajo enajenado.

Sin duda alguna, ese estilo de vida ha logrado sacar un gran partido a eso que llaman los economistas las fuerzas de trabajo. Pero no es menos obvio que ha hecho del trabajo algo triste y monótono; sí, cualquier actividad profesional despojada de sus componentes lúdicos y de disfrute se hace insoportable; y otro tanto puede decirse de la diversión por la diversión: la diversión aislada de todo contenido de la realidad, sin sentido, no es nada más que un mero entretenimiento tan pueril como ridículo. Descansen, pues, en sus vacaciones, pero presten atención a lo que está pasando en nuestro país. No separen su tiempo de ocio de su tiempo de trabajo, porque estamos al borde del abismo.

Las vacaciones siempre son aprovechadas por los Gobiernos despóticos, y el de Sánchez es el peor de nuestra reciente historia democrática, para imponerles a los ciudadanos sus peores propósitos. No esperen a la vuelta del verano para preocuparse de los engaños del Gobierno. Para entonces quizá ya sea tarde. La separación extrema entre trabajo y juego, entre tiempo de obligaciones y de disfrute, nos conduce a un proceso de desintegración de la persona, a veces, imposible de recomponer. Para que vuelvan con la inteligencia dispuesta a combatir a un Gobierno que desprecia a sus gobernados, tomen muy en serio que vivimos en un país deprimido económicamente y fracturado por la acción de la hegemonía del País Vasco y Cataluña.

Vivimos sin Nación y con el Estado fracturado. Pedro Sánchez, el precipitado de la historia socialista, resultado último de Rodríguez Zapatero, es peor que un aventurero. Es un destino del PSOE. O aceptamos ese destino, naturalmente, para combatirlo, o terminará con lo poco que queda de democracia. Por eso, no deberíamos pasar por alto su última comparecencia ante la prensa. No es una mentira más de Sánchez, sino una forma de anestesiarnos para el verano. Su autocomplacencia lo delata. Aparte de haber entregado todo a Cataluña en detrimento del resto, miente agarrándose al crecimiento del PIB y del empleo para ocultar la enorme deuda y el déficit de España, que sólo pueden pagarse con más impuestos.

Tampoco podemos olvidar su política exterior a favor de la narcodictadura de Maduro y el régimen criminal de los Castro, que en la práctica nos ha llevado a una ruptura de relaciones con USA y a situarnos en último lugar en la negociación de los Presupuestos de la UE. Por este camino, el Gobierno de Sánchez nos lleva a la ruina. En efecto, USA ha roto con España las relaciones en materia de intercambio de información de inteligencia, y ha amenazado con "graves sanciones a Repsol y a cualquier empresa española que comercie con Venezuela", además de mantener vigentes todas las sanciones previas a "la aceituna y al aceite de oliva español", que ya fueron levantadas a Italia y Portugal. ¿Y qué decir con respecto a la relación de España con la Unión Europea? Aquí la cosa es aún más grave. Por ejemplo, después de una corta reunión, el día 21 de julio, el presidente del Consejo de Europa, Charles Michel, manifestaba al salir: "Ha sido una reunión altamente decepcionante". Según mantienen todos los expertos, España pasará a ser contribuyente neto en el periodo de 2021 a 2027, pagará 2.000 millones más por el Brexit y "sufrirá un recorte drástico en cohesión y agricultura". Cuando se discute el Presupuesto 2021-2027, nadie parece prestarle atención a España…

La cosa está cruda y, seguramente, estará peor en otoño. No podemos extremar la separación entre el tiempo de ocio y el de trabajo. O estamos alerta o corremos el riesgo de desaparecer.

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