Una salida para Venezuela

Agapito Maestre

¿Cómo acabar con el mayor Estado narco-comunista del mundo?, ¿cómo acabar con el régimen sanguinario de Venezuela?, ¿cómo acabar con un Gobierno que ha expulsado de su país a más ocho millones de seres humanos? Con la intervención de una fuerza militar de carácter multinacional. La cosa no sería sencilla, pero sería una bendita solución para acabar con la mayor amenaza mundial para el desarrollo de las sociedades libres y democráticas. Mil razones avalarían esa solución y un motivo humanitario, en mi opinión, nada baladí acompañaría a los libertadores: la salvación de millones de vidas humanas en Venezuela y el resto del mundo. Ésta fue en síntesis una de las conclusiones que pudiéramos extraer de la brillante e inteligente intervención de Antonio Ledezma, alcalde electo de Caracas y exiliado de su país, en el Casino de Madrid, sobre el mayor desafío de la Hispanidad, en realidad, de todo el mundo libre: el narco-comunismo.

Para entender bien el pronóstico de Ledezma es menester contextualizarlo en un debate sobre las vías para derrotar al régimen de Maduro. Después de un relato verosímil sobre la desaparición de la democracia en Venezuela y el desarrollo de la dictadura de Chávez y Maduro, Mario Vargas Llosa concluyó haciendo una sencilla petición a la oposición venezolana: únanse, por favor; la unidad, repitió, hace la fuerza. Desunidos jamás derrotarán a los comunistas. Vargas Llosa abogó, sí, por la unidad de la oposición venezolana y les pidió que hicieran "un esfuerzo para deponer los resentimientos personales en nombre de la solidaridad", porque "es absolutamente indispensable para enfrentar al régimen".

Sin embargo, el pronóstico, o mejor, el pietista deseo del novelista no se correspondía con la realidad, porque, como demostró con creces Ledezma, es imposible hallar una oposición más sólida y unida que la venezolana para actuar contra el régimen. Ahí reside la tragedia. Sí, Ledezma reconocía que "nosotros, los opositores, no estamos divididos, estamos infiltrados", replicó Ledezma a Vargas Llosa para pasar a explicar el complejo escenario, en verdad el drama, de la oposición venezolana: "A Guaidó lo respaldamos todos y se definió una ruta: el cese de la usurpación". Se trata de una agenda compartida, para lograr primero la libertad. Pero la sola oposición no parece que pueda acabar con un "corporación criminal" de carácter internacional, cuyos principales apoyos están allende Venezuela; se requiere del apoyo internacional para acabar con un Estado narco-comunista del que sale más del 25% de la cocaína que recorre el mundo; para que nos hiciéramos cargo del problema, Ledezma nos dio informaciones estremecedoras, por ejemplo, sólo en el estado de Zulia, llamado "la pequeña Sinaloa", hay más de 50 pistas de aterrizaje para facilitar el tráfico de droga. Entre otros datos de gran importancia, Ledezma recordó que "más de la mitad de la cocaína que ingresa a Europa procede de Venezuela" y que "la vieja alianza que habían hecho los Castro y los Ortega de Nicaragua con Pablo Escobar ahora es la alianza con las FARC".

En fin, ante el extraordinario diagnóstico de Ledezma sobre la situación trágica de Venezuela, basado en argumentaciones y datos rigurosos, nadie con un poco de sentido común puede decir que fuera exagerado su pronóstico; al contrario, se quedaba corto. Repitamos, pues, sus palabras: "En Venezuela no hay Gobierno, funciona como una corporación criminal que se apoya en factores extrarregionales como Rusia, China, Irán y Turquía, que sostienen ese régimen". Y precisamente porque el Estado narco-comunista de Venezuela está apoyado por todo el "comunismo internacional" está más que legitimada moral y políticamente una intervención militar de carácter plurinacional en nombre de la libertad y de la democracia.

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