Saber ganar y perder

Agapito Maestre

Ha venido de Londres un buen amigo. Es mucho más joven que yo, pero siempre me he entendido bien con sus opiniones. Pasará unos días en Madrid y pronto regresará a su lugar de trabajo. Este madrileño estudió con gran provecho Filosofía en España, o sea, pronto tuvo que largarse de aquí. Sigue leyendo libros de filosofía. Me mantiene al día de sus lecturas. Su trabajo es muy interesante. Es policía en la capital del Reino Unido. "Mi carrera", me dice con ironía, "es brillante". De un español en el extranjero. Se le ve contento. Paseamos por la calle de Alcalá y nos dirigimos a Las Ventas. Los toros, sí, es lo que más echa de menos en Londres. Me habla del asunto con nostalgia. Yo no puedo reprimirme y le suelto una perorata para animarlo. ¡Animarlo! Bobadas. El desanimado soy yo, o sea, que le suelto un rollo castizo lleno de falsedades, pero nos vale para salir del paso.

Dos errores, sí, cometen los mejores profesionales de España: salir demasiado tarde del país, o sea, exiliarse voluntariamente, y regresar demasiado pronto. ¡Un chiste! No. Es tan real como los miles de médicos españoles que se ganan la vida fuera de aquí. Se van, sin duda alguna, porque están hartos de contratos precarios, salarios bajos y horribles condiciones laborales. Son miles los médicos que solicitan todos los años certificados de idoneidad para ejercer la profesión fuera de España. Pasa algo parecido con los arquitectos, los farmacéuticos, los periodistas, los entrenadores de fútbol y otras muchas profesiones… España, la España de los socialistas y los comunistas, de los peperos y la madre que ha parido hasta casta de políticos mediocres y trincones, prescinde y expulsa a los mejores. Aquí se paga poco, mal y tarde. El país está hecho unos zorros. No hay porvenir.

Y, además, nadie quiere saber bien de dónde venimos. Y de las leyes de educación de Sánchez y su gente para qué hablar… ¿Qué nos queda? Los toros, el Real Madrid, que sigue ganando con dignidad copas de Europa, y el Atleti, que aguantará otros mil años en el banquillo a Simeone… En fin. Todo es un decir, una cháchara para venirnos arriba. Psicología de andar por casa. Mi amigo, el poli de Londres, me corta y atrocha por lo segao: "Olvidas lo más importante. Nos queda Madrid, España nunca dejará de estar adscrita a esta ciudad, y el Museo del Prado".

Me rindo a su evidencia y quedamos para otro día a ver la exposición de la pintura histórica española del XIX junto al cuadro de Las Lanzas. Ay, amigos, nada más grande que Velázquez y su Rendición de Breda para saber qué es la victoria digna. Manuel Machado reflejó en unos versos inolvidables lo pintado por Velázquez: la honra mutua entre el vencedor y el vencido:

Es la guerra -humo y sangre- la que hizo
campo de pelear esta campaña,
la que abrió este sendero, la que baña
de rojo el holandés cielo plomizo.

Sobre este campo blando e invernizo
-ya no paisaje, fondo de la hazaña-
la gloria flota militar de España,
al viento de la suerte, tornadizo.

Arde en el fondo Breda… Su alegría
oculta al vencedor. Y el pecho fuerte
del vencido devora su amargura.

Humana flor de eterna lozanía,
por encima del odio y de la muerte
la sonrisa de Spínola fulgura.

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