Ruido y realidad

Agapito Maestre

El establecimiento político de España apenas es nada. Esto es una granja mala. Ya ni siquiera las nuevas crías de animales son capaces de hacer promesas verosímiles. Salvo los fanáticos, nadie respeta a la gentuza política que devora las instituciones públicas para engordar sus enormes panzas. La España política está entregada por completo al robo y la extorsión. Pruebas de mis afirmaciones hallarán por todas partes. Fijémonos en las más cercanas y lacerantes: un millón seiscientas mil personas comen todos los días de la caridad. Siete millones de personas están desempleadas. Ciento de miles de muertos por la covid-19. Los rusos no pueden venir a los apartamentos que se compraron en Torrevieja. Ni los de Madrid pueden ir el fin de semana a su casita de un pueblo de Segovia. Tampoco los de Badajoz consiguen viajar a Ciudad Real. La chusma separatista sigue robando a diestro y siniestro. Un tipejo con moño se las da de listo y le da lecciones a otro al que le escribieron una tesis de doctorado. Y otros cientos de idiotas los imitan y balbucean paparruchadas para robar la dignidad de quienes se largan o, sencillamente, guardan silencio para defenderse de la agresión cotidiana del Gobierno de Sánchez y el tío del moño. En este contexto es imposible no respetar a quienes dicen: váyanse todos, incluidos los propagandistas de los medios de comunicación, a tomar por saco.

Si algún partido quiere que me crea algo de su programa, incluya estas tres sencillas anotaciones: 1) reducción del número de diputados en todas las circunscripciones, bastarían dos por provincia, y reducción drástica del número de parlamentarios regionales; 2) desaparición de los privilegios y las sinecuras a todos los ex parlamentarios y ex cargos públicos; 3) recoger y, por supuesto, objetivar de modo preciso a la mayor fuerza política de España: el partido de la abstención. Sencillo. Las democracias más avanzadas de Europa recogieron hace tiempo estas elementales peticiones en sus ordenamientos políticos. El resto es faramalla. Ni siquiera llega a la letrita de C. Tangana: Mujeres, Pasta y Focos. En fin, el actual sistema político solo genera basura, peste y peste, mentiras y más mentiras, que repiten sin cesar las televisiones y las emisoras de radio.

Y, sin embargo, de vez en cuando, alguna excepción sirve para aguantar a esta chusma. Por ejemplo, el dictamen emitido por el Consejo de Estado sobre el real decreto de gestión de los fondos europeos, que fue ocultado con ostentación y alevosía por el Gobierno de los socialistas y los comunistas. La denuncia del informe es fácil de retener: el Gobierno utilizará los fondos en cada momento siguiendo el criterio que más beneficie a los intereses de los socios del propio Gobierno. Pero, más allá de este lamentable episodio de ocultación del Gobierno, la cuestión ahora es cómo se gestionarán y controlarán esos fondos de casi 140.000 millones de euros, casi el 20% de nuestra capacidad de riqueza anual, que llegarán en forma de transferencia de préstamos y subvenciones para el periodo 2021-2026. Las condiciones de la UE para que lleguen con agilidad esas ayudas son claras. Se trata de reformar la economía en tres ámbitos: mercado laboral, pensiones y unidad de mercado. En resumen, reducir la temporalidad laboral, mantener la esencia de la reforma laboral del Gobierno del PP, y garantizar la sostenibilidad de las pensiones y reducir la maraña de regulaciones, registros y permisos de todo orden derivados de un régimen autonómico ineficaz y lleno de pretensiones absurdas. O sea, si las autonomías, por un lado, y la Administración General del Estado, por otro, no se autolimitan para gestionar el dinero que quizá llegue, más pronto que tarde, de la UE, entonces luchemos por que vengan los hombres de negro de Bruselas a organizarnos la economía y, de paso, la política.

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