Representación fraudulenta

Agapito Maestre

Gremialismo sindical y corporativismo empresarial son viejos males de la sociedad española. Son los dos grandes cuellos de botella que impiden la expansión y desarrollo de una sociedad libre y compleja. La patronal y los sindicatos españoles apenas representan a un tercio de la sociedad española, siendo muy generoso, pero negocian con el gobierno como si ostentasen la representación efectiva de todos los empresarios y trabajadores españoles. Vergonzoso. De esta reforma salen fortalecidos los viejos sindicatos y la patronal, sencillamente, porque da prioridad a los convenios sectoriales sobre los empresariales. O sea vuelta a la cochambre gremialista de los sindicatos verticales de Franco. Los actuales sindicatos (CCOO y UGT) y la patronal tienen auténticas dificultades para representar a sus élites empresariales y sindicales, pero juegan con el rollo de origen nazi (sic) de la "representación delegada" para negociar con el gobierno de España, también con graves problemas de legitimación democrática, una reforma laboral que afecta a la entera sociedad española.

La cosa es escandalosa, pero es aún más grave que esté legalizada por la Constitución de 1978 y todo un conjunto legislativo que tiende a "legitimar" lo que es absolutamente ilegítimo. Solo en este contexto viejo, anacrónico y fraudulento puede entenderse la enorme chapuza de la llamada reforma laboral del gobierno de Sánchez, donde hallamos actitudes que a veces rozan el ridículo. Todos los agentes sociales y políticos participan en un juego sin pies ni cabeza, pero simulan una búsqueda de un consenso a todas luces de cartón piedra. Todo es patético y falso. Y, además, depende de las condiciones que nos han impuesto, afortunadamente, las directivas de la Unión Europea. El cuento del gobierno no sirve al interés general de la nación ni tampoco se percibe por la mayoría de la población como algo real, porque la patronal y los sindicatos sólo representan intereses minoritarios. Carecen de verdadera representación.

En resolución, esta reforma es una inmensa filfa para darle mayor poder a los sindicatos, que seguirán negando sus derechos a los desempleados, los trabajadores temporales, los autónomos y los trabajadores futuros. Y, por supuesto, la gran patronal también saca tajada y arremeterá contra las pequeñas y medianas empresas que seguirán perseguidas con saña intervencionista. Las nuevas y emergentes empresas tendrán mayores dificultades para competir con las grandes y, al final, saldrán perjudicados todos los clientes por los efectos oligópolicos de los convenios sectoriales… El desastre está a la vuelta de la esquina. El acuerdo conseguido entre un gobierno, perseguido por la UE, por su falta de seriedad y legitimidad, y unos agentes sociales, sobrevalorados artificialmente, perjudicará a las empresas más débiles y a sus trabajadores. Por aquí vamos al despeñadero sin que nadie vea el camino para que en España se desarrolle un genuino capitalismo competitivo.

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