¿Quién expulsará a Sánchez?

Agapito Maestre

Todo está tranquilo en España. Todo es paz de cementerio. Todo en este Gobierno es ilegal, ilegítimo y anticonstitucional. Pero todo, absolutamente todo, está controlado por Sánchez. La calle está bajo control gracias a la ayuda que le prestan los sindicatos, las patronales, los exterroristas, los separatistas, los estalinistas, los rufianes y gente de ese calado. ¡La calle! Ya sólo es un triste callejón para que hagan sus cambalaches las elites sindicales, patronales y políticas. Amordazada la protesta contra el poder en el espacio público, puede decirse que la sociedad civil española no existe. No está desaparecida ni acobardada. Ojalá. La sociedad española ha quedado reducida a un gentío. Es mera muchedumbre para consumo conspicuo de basura televisiva, futbolística o botellón.

Pero lo más grave no es que la calle esté controlada por el Gobierno, sino que la Oposición está amaestrada por Sánchez. ¡No sé qué habrán pactado Casado y Sánchez en la obscuridad! Lo cierto es que Sánchez ha conseguido algo inédito en un régimen sedicentemente, como decían los periodistas de Franco, democrático: reducir a la Oposición a tareas menores en el Parlamento. El PP no moviliza a la ciudadanía para expulsar al Gobierno más ilegítimo de los últimos cuarenta años. Casado con sus líos personales solo aspira a heredar el poder, y Abascal concentra su actividad en llevar a los tribunales las acciones, cada día más ostensiblemente ilegales, del Gobierno. Eso no es suficiente. La cosa se juega en la calle. El Parlamento y los tribunales de justicia son poca cosa para derribar la democradura montada por Sánchez y los separatitas-comunistas. O la Oposición moviliza lo poco que queda de España o tendremos dictadura sanchista para mucho tiempo. O la Oposición canaliza la protesta contra un régimen casi dictatorial o tendremos que pensar que vive muy a gusto entre sus vanidades (tengo la sensación de que los de la Oposición son aún más vanidosos que los del Gobierno).

También el llamado cuarto poder, la prensa y los medios de comunicación, está al servicio de Sánchez. ¡Miserable prensa! Nadie espere mucho de esto. Nunca en España había existido un control de los medios tan férreo por parte del Gobierno como ahora. Ni siquiera los medios de la derecha están dispuestos a dejar espacios para voces disidentes. El discrepante está perseguido. La palabra disidencia ha desaparecido del régimen político de Sánchez. La caza de brujas en provincias da miedo. Me cuentan cosas terribles sobre la prensa regional, incluida la de Madrid. Los periódicos y los grandes medios de comunicación son para los de siempre, para los políticamente correctos, o sea, para los arrastrados. Gente sin columna vertebral.

Hasta los periódicos gratuitos son de Sánchez. Leo uno que me dan en el metro y no salgo de mi asombro, pero me basta para hacerme cargo de la muerte de España. Echense a temblar si un sociata de El País, de Academia, de Universidad, o de cualquier mamandurria al servicio del poder, dice: "No sé cómo se puede vivir en España con tanto ruido; creo que el silencio es un derecho". ¡Cuántas veces habrá repetido esa mala metáfora uno que metió Cela en la Academia de la Lengua para pagarle no sé qué favor! Este profesor del silencio, o sea de la nada, ha hecho escuela entres sus amigotes de sillón académico y trinque por darle lustre a unos señoritos analfabetos. ¡Cuánto daño han hecho a la cultura española estas almas bellas! ¿Almas bellas? Quizá les concedo mucho a estos siervos voluntarios. Son los arrastraos de toda la vida. Teman lo peor, si oyen que un viejo sociata, un anciano podemita o similar, dice con la boca chica: "Me gustaría un acuerdo nacional para discutir cómo se gasta el dinero de la ayuda europea". Ya es tarde, hombre, para esas declaraciones vacías. Eso antes, escribidores de novelones malos, cuando todavía había alguna posibilidad de salvar un país agónico. Ahora esos golpes de pecho de beatonas culturales son ridículos, anacrónicos y tan extemporáneos como citar al cobarde de Azaña y su relamida prosa. Todo eso está fuera de lugar. Se os ha pasado el tiempo de la protesta. Sólo sois arrastraos del Gobierno de Sánchez. Tampoco los llantos cínicos de los intelectuales y escritores nos salvarán del tipo de la Moncloa.

Desengáñense, queridos lectores, España no tiene salida. Sus mejores cabezas están fuera del territorio o marginadas. Sin discurso político y sin acciones democráticas en la calle no hay salida. ¿Entonces quién expulsará del poder al dictadorzuelo Sánchez? Quizá sea una pregunta retórica; pero si no lo es, nadie responda que las urnas. Eso es una ingenuidad. Creo que lo echarán los mismos que pusieron a Rodríguez Zapatero en la calle; y, además, creo que lo harán no tanto para defender el régimen democrático como para librarse de su nefasta gestión económica. Sánchez, como Zapatero en el pasado, está poniendo en grave riesgo los intereses económicos de la Unión Europea y más allá. Al tiempo.

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