¿Podrá resistir Rusia la guerra de Ucrania?

Agapito Maestre

Hace dos meses pocas personas en España consideraban que Rusia pudiera perder la guerra en Ucrania. A quienes así razonábamos o nos llamaban optimistas o locos. Era políticamente correcto, o sea, falso, pensar que Rusia arrasaría Ucrania en unos días e instalaría un gobierno títere en un semana. Allá esta gente con su ideología. Yo mantuve lo contrario, incluso antes de la invasión; más aún, una de las razones que esgrimí para que Rusia no invadiese Ucrania es que podría perder una guerra que provocaba, sin lugar a dudas, gratuitamente.

Sí, desde el principio de la invasión, mantuve que Rusia perdería. Algunas de mis intuiciones e hipótesis estaban lejos de ser una apuesta azarosa y trataban de anclarse en la historia reciente del ejército ruso, en hechos y datos sociales, en fin, pruebas y argumentos extraídos del sentido común. Al cumplirse los dos meses de guerra, la principal prueba de mi razonamiento está a la vista de todos: la pregunta fundamental que se hace el mundo civilizado ya no es ¿cuánto tiempo aguantará Ucrania las embestidas criminales del ejército ruso?, sino ¿podrá resistir Rusia la guerra de Ucrania? He aquí un par de argumentos, o mejor, tránsitos intelectuales para hacerse cargo de la importancia de la segunda pregunta. El primero es de orden económico y el segundo pertenece al ámbito propiamente bélico. Los dos determinan la cuestión clave del régimen "neo-soviético" de Putin: ¿conseguirá Rusia aguantar la guerra de Ucrania?

La fragilidad económica de Rusia ha sido puesta en evidencia por Elvira Nabiúllina, la gobernadora del Banco Central de Rusia, quien ha dicho que lo peor está por llegar. Las sanciones impuestas por Occidente contra la invasión rusa de Ucrania serán terribles en los próximos meses. Nabiúllina ha advertido ante los diputados de la Duma que la verdadera crisis llegará entre el segundo y el tercer trimestre de este año. La situación económica, siguió explicando la gobernadora, se endurecerá: hasta ahora la economía rusa ha podido vivir de las reservas, pero estas ya se han terminado. Por lo tanto, "en el segundo trimestre o principios del tercero Rusia entrará en una etapa de transformación estructural". Entonces, las sanciones "ya no afectaran sólo a los mercados financieros, sino que empezarán a perjudicar cada vez más a los sectores de la economía real". Además, el problema no está en el sistema financiero, sino en la escasez de suministros que recibirán en un futuro próximo las fábricas y las empresas. Los principales problemas, pues, no estarán tan asociados a las sanciones a las entidades financieras, "como a las restricciones a las importaciones y, en el futuro, a las exportaciones de productos rusos".

Tampoco la fortaleza del ejército ruso, después de dos meses de guerra, es para dar saltos de alegría. Aparte de rehuir el enfrentamiento con el ejército ucraniano, cosa más propias de bandas de forajidos que de un verdadero ejército, para arrasar a la población civil, se ha descubierto que buena parte de su material de guerra era de fabricación occidental, o mejor, francesa; sí, los tanques rusos requisados y tomados por los ucranianos están equipados por piezas de guerra fabricadas en Francia. ¿Seguirán los franceses suministrando a los rusos ese material de guerra? No lo creo. Tampoco se empeñará los amigos franceses en seguir fabricando armamento bélico para la flota rusa, como lo venían haciendo en los últimos años. Rusia, en efecto, no recibirá, después de las sanciones occidentales, material de guerra de Francia. Por el contrario, Ucrania sí que lo recibirá de la OTAN; por fortuna, desde hace dos semanas, Ucrania está siendo ayudada con nuevas y mejores armas por Occidente.

En fin, si un ejército es el reflejo de una sociedad, entonces la invasión rusa de Ucrania está mostrando con creces sus respectivos fracasos.

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