Ortega y Gasset en la Academia de Jurisprudencia

Agapito Maestre

Mi amigo José Iturmendi, un genuino Decano de España, no pudo asistir a la presentación de mi libro Ortega y Gasset. El gran maestro, en el Centro Cultural Sanchinarro, pero me invitó a la Academia de Jurisprudencia y Legislación para que hablase de la filosofía de Ortega en la sección de Filosofía del Derecho, que preside con acierto socrático el sabio Ángel Sánchez de la Torre. La sala estaba llena de filósofos y juristas. No se trataba de un público despistado sino de algo peor…, eran académicos. Me cuidé, pues, de no hablar de lo obvio. Traté de no caer en generalidades y sólo hablé indirectamente de mi libro. Por desgracia, en el coloquio, salvo las preguntas de Pedro Gago, casi todas las intervenciones fueron de un alto nivel retórico y generalista. Todas eran sabias y bien fundamentadas. Seguramente, el alto nivel de elaboración de las preguntas tenía como único objetivo evitarse la lectura de mi libro.

Quizá me equivoque, pero sospecho que la mayoría de los asistentes a mi charla en la Academia de Jurisprudencia y Legislación aún no habrán leído mi libro. Después de darle mil vueltas a lo allí sucedido, creo que mi evanescente plática fue su gran coartada. El objetivo de los asistentes se había alcanzado a plena satisfacción. Se trataba de que alguien les resumiera un libro de 500 páginas en una frase. ¿Quién mejor que el autor de la obra para llevar a cabo esa faena? Nadie. Yo traté de zafarme de ese juego académico, pero seguramente no lo conseguí. No me pidan milagros. Un "académico", perdón por mi atrevimiento, hablando a otros académicos no tiene salvación. Diga lo que diga, mantenga lo que mantenga, no logrará zafarse de las garras conceptuales de sus compañeros de oficio.

Sí, después de perorar sobre Ortega, durante más de una hora, ante un público ilustrado, lleno de ideas y creencias sobre el filósofo español, no voy a caer en la ingenuidad de creerme que mi relato haya conseguido seducir a mi académico auditorio. Al contrario, los asistentes a la charla extrajeron, velis nolis, una alevosa idea sobre mi visión del filósofo madrileño. Tiendo a pensar que la "visión" de Ortega transmitida por el conferenciante fue tan frívola y abstracta que les habrá liberado de la onerosa tarea de enfrentarse a un libro de investigación sobre Ortega, escrito en forma de ensayo, que pudiera leerse como una novela. Y es que las presentaciones de libros las carga el diablo…

Sea como fuere, no es hora de lamentarse sino de salir al paso de una pregunta que allí se me formuló con tanta delicadeza como rigor. Pedro Gago, como decía más arriba, me hizo varias acotaciones que demostraban no sólo haber leído mi obra con generosidad sino habiendo estudiado con atención uno de sus centros, a saber, la imposibilidad de actualizar la obra de Ortega, especialmente su pensamiento político, su teoría radical de la democracia, si se separan sus objeciones al idealismo de su crítica a la revolución. ¿Era esa tesis, preguntaba Gago, verdaderamente comprensible en el horizonte abierto por la "literatura de combate" de nuestra época? La pregunta estaba bien tirada. No me la esperaba. Confieso que me dejó fuera de sitio. Mi primera reacción fue negar que mi libro tuviera algo que ver con aquella "literatura de combate" de carácter ideológico que trata de deslegitimar determinados órdenes sociales contrarios a la democracia liberal. Reconozco a esa corriente la validez de su acción intelectual, pero no me hace dudar un instante sobre la necesidad permanente de denunciar los vicios de la democracia parlamentaria. Tampoco mi libro formaba parte de esa tendencia intelectual que combate la sacralización de la democracia, o peor, la conversión de la democracia en una religión, aunque reconozco que sin esa crítica desaparece la sociedad liberal como fundamento de la democracia. Pero repensada la cuestión, después de su primera formulación, tengo que reconocer a mi interlocutor sus razones para incluir mi libro entre la filosofía de combate de nuestra época. Tratar de construir una teoría crítica de las lecturas ideológicas que se han hecho de la obra y la vida de Ortega y Gasset, especialmente después de su muerte hasta hoy, que es uno de los objetivos del libro, no creo que pueda situarse en mejor archivo que el titulado: "literatura de combate". Mostrar los límites y fracasos de la sociedad española para hacerse cargo del mensaje fundamental de su primer pensador, la construcción de la nación española, es la segunda razón que podrían situar al libro entre los llamados "libros de combate". Y, en fin, la concepción agonal o agonista de la verdad de la filosofía Ortega que este libro defiende en su pugna con José Gaos y María Zambrano, Julián Marías y Octavio Paz, y otro centón de autores, lo acredita o quizá lo desacredita para figurar en la literatura de combate de nuestro tiempo.

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