O Socialistas Unidos o Vox

Agapito Maestre

Quien lucha por una sociedad abierta, plural y en permanente desasosiego, con un Estado-nación fuerte que garantice la libertad individual en los ámbitos públicos y privados, no puede estar contento con el panorama político al que se enfrenta el ciudadano español en los próximos años. La tragedia de la filosofía política ha pasado a la política. Sobre los escombros de los dos viejos partidos, PSOE y PP, el español medio sólo vislumbra una alternativa: o Socialistas Unidos (PSOE, comunistas, separatistas, terroristas y la derecha sin remedio –PP, Ciudadanos y la cosa esa caciques locales de un tal Campos–) o Vox. El resto no existe. O es relleno. Ganas de perder el tiempo.

Nadie se engañe con supuestos análisis antiguos y falsamente comparativos sobre la relación entre el PSOE y Podemos-ExTerroristas, por un lado, con los posibles vínculos entre el PP y Vox, por otro. Ni el PSOE es el PP ni Vox es Bildu. Todas esas comparaciones son ideológicas y, además, ponen en ridículo a quienes las mantienen. Hace tiempo que estamos en otro horizonte político no sólo en España sino en toda Europa. Los electorados apenas tienen nada que ver con sus dirigentes. No se equivoquen más los muchachos de la prensa y los antiguos cargos socialistas. ¿Yerran los creadores de opinión pública sin conciencia o se equivocan por seguir cobrando su soldada de los políticos del PP y el PSOE? No lo sé; pero una cosa es comprobable: los periodistas y la gente de la radio y la televisión se parecen cada vez más a los payasos del circo; tienen que hacer reír al respetable, mientras se cambia de número y de pista. ¡Pobres!

Sí, los medios de comunicación no quieren, o peor, no saben descifrar qué hay detrás de la relación entre Sánchez y Casado. Los dos tienen hace tiempo un pacto elíptico de salvación mutua. Y lo están llevando a cabo hasta sus últimas consecuencias. Es, como todo en ellos, fraudulento: sus estudios académicos y doctorales, sus orígenes políticos en las juventudes de sus respectivos partidos, etcétera, etcétera… El timo de Sánchez era conocido desde hace tiempo por el mundo entero. Sólo le queda la vía totalitaria, o mejor dicho, fascista. Y ahora, después de las elecciones en Castilla y León, empieza la gente a enterarse del engaño de Casado, que tuvo su primera expresión en la votación contra la moción de censura que le puso Vox al Gobierno de Sánchez. Los dos grandes partidos tradicionales están hundidos, aunque cierto es que de diferente manera; mientras el PSOE se mantiene artificialmente en el poder por todos aquellos que quieren destruir la unidad nacional y, por supuesto, con la ayudas vicarias del PP en las instituciones más representativas del Estado, por ejemplo, Tribunal Constitucional y Tribunal de Cuentas, el PP gobierna con diferente suerte en algunas comunidades autónomas, pero con escasas expectativas de ganarle a Sánchez en unas elecciones generales, entre otros motivos, porque no tiene presencia en regiones tan importantes como Cataluña y País Vasco.

Y, sin embargo, Casado prefiere enredarse en idealismos, o sea en políticas inexistentes, antes que negociar con Vox el Gobierno de Castilla y León. Casado pasa de sus votantes y de la lógica democrática para terminar legitimando la tesis fascista de Sánchez: expulsar del tablero político a un adversario. No creo que triunfe el ideologema barato de Sánchez, entre otros motivos, porque la mayoría del pueblo español sabe que es un mentiroso, pero lo que nadie olvidará es quién le está asistiendo en estos momentos en la descalificación de una fuerza democrática, Vox, que ha tenido el inmenso acierto de poner sobre el tapete cuestiones clave para el futuro de la democracia y de las libertades individuales, o sea de la libertad. Mantengo, pues, lo dicho: o Casado negocia con Vox o acabará integrándose en el bloque de Socialistas Unidos.

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