Mentiras y silencios de corderos

Agapito Maestre

Sánchez está determinando la agenda política: o se le sigue o se le combate. El primer punto de esa agenda es clave para el futuro de España. No valdrá seguirlo a medias o combatirlo con la boca chica. De ese asunto dependerá no sólo su actual Gobierno sino el futuro del sistema político y, en cierto sentido, la agenda cultural de este país. Los exterrorristas, los separatistas y los comunistas siguen sin rechistar esta primera indicación de esta agenda política que, seguramente, se convertirá más pronto que tarde en el programa electoral del PSOE. Cs y PP han tratado de eludir el asunto con escaso éxito, pero, antes o después, tendrán que entrar en el fondo; sí, hasta ahora, se han tapado detrás del burladero y han seguido los consejos de los cobardes periodistas de la derecha: no entren en el debate del Valle de los Caídos. Pero, hombre, ¿a quién se le puede ocurrir que la izquierda española de hoy va a dejar de menospreciar a la oposición por ponerse de perfil ante la tumba de Franco? Hay que ser muy majadero, o peor, cobarde, para no percatarse de ese asunto…

Por desgracia, Cs y PP han seguido esa meliflua recomendación que, finalmente, podría hacerlos cómplices de un régimen político que confunde el saber histórico con los decretos ley sobre la historia reciente de España. En esto no están solos. Están acompañados por ciento de historiadores, académicos e intelectuales que guardan silencio, que callan muertos de miedo ante las mentiras que se vierten todos los días sobre el franquismo y la Transición en general, y el monumento concebido por el propio Franco nada más acabar la guerra, conocido por el Valle de los Caídos. Mentiras, por cierto, de un lado y de otro; son mentiras de todos. Hay historiadores neofranquistas tan groseros como los periodistas del PSOE. Tengo la sensación de que en este asunto no se salva nadie. Las mitologías que están construyéndose sobre el Valle de los Caídos son de aurora boreal. Ni se construyó para ejemplificar la derrota de los republicanos, ni es solo un monumento concebido para simbolizar la concordia en el otro mundo de los que se mataron en la guerra civil, ni tampoco el número de cadáveres que alberga es equivalente entre los muertos en los dos bandos… Todo eso es menester aclararlo.

Se necesita rigor histórico y menos análisis de intenciones y, sobre todo, se requiere coraje, valentía, para enfrentarse a las contradicciones de la Historia, asunto del que huyen los políticos y la casta intelectual dominantes en España. Así las cosas, y a falta de cuajo en la oposición a Sánchez, creo que es necesario un debate nacional, a fondo, sobre el Valle de los Caídos para que no nos dicte la forma de hacer historia el poder, Zapatero-Sánchez, para las próximas generaciones. Es necesario discutirlo todo, incluido el nombre: ¿Valle de los Caídos? Sí y no. Ni están todos los caídos ni es claro que fuera concebido solo como un monumento a la conciliación de los españoles. Ni es solo un monumento de estricta naturaleza monumental y religiosa ni tampoco fue excluida en el pasado su utilización política… Espero con impaciencia que se manifieste sobre este monumento cualquier persona con ánimo democrático: o discutimos con seriedad el significado de esa obra para aquí y ahora o nos arrastraremos ante quienes quieren hacer del saber histórico un dictado de sus decretos leyes.

Sí, sí, estoy deseoso de leer ensayos y libros serios de historia sobre el asunto. No me conformo con el único libro decente que sobre el monumento escribió, en 1976, Daniel Sueiro: La verdadera historia del Valle de los Caídos (la tercera edición es de 1983, contiene retoques significativos y se tituló El Valle de los Caídos. Los secretos de la cripta franquista). En fin, o hacemos un debate serio sobre la utilización pública de nuestra historia o nos la impondrán Pedro Sánchez y sus seguidores exterroristas, separatistas y comunistas. O cuestionamos ya la mentira que nos quieren imponer sobre nuestro pasado o seremos rehenes del totalitarismo que identifica la ciencia con el poder y el derecho.

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