Los huesos de Franco y la Segunda Transición

Agapito Maestre

La exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos tiene obviamente un objetivo político, o mejor, es una acción simbólica relevante en el proyecto socialista que abrió Zapatero en el pasado y prosigue Sánchez, después de la huida de Rajoy de la política. Desarmado el PP y expectante Ciudadanos, los socialistas persisten en una nueva organización del Estado que dé muerte, definitivamente, a la Nación democrática. Mejor un reino de cantones que una gran nación, si eso asegura, dicen los cabezas de huevo del PSOE, el poder de los socialistas y los populistas.Los socialistas sacarán los huesos de Franco del Valle de los Caídos no tanto para dar carnaza a sus votantes, que no son tan menores de edad como los pintan los melifluos periodistas de la derecha mediática, sino para hacer pasar a los de PP y Cs por el aro de su agenda política, a saber, es menester una Segunda Transición, aquella gran aspiración de Zapatero, que arrase con la Constitución del 78 y el modelo de convivencia de los últimos cuarenta años.

Es menester para Sánchez actualizar el proyecto de Zapatero, que no era otro, recuérdenlo bien, queridos lectores, que dar esperanzas a los independentistas vascos y catalanes de una futura secesión de esos territorios. Sí, el objetivo del pacto entre Zapatero y ETA era dar alguna esperanza al "Movimiento de Liberación Vasco" (PNV y ETA) de que conseguirían por la vía política e institucional la secesión de España. El modelo se podría extender fácilmente a Cataluña. Esa era la esencia del pacto de Zapatero con los terroristas de ETA para que dejasen de matar. ETA entró, en efecto, en las instituciones y el PSOE sigue hoy, como ayer, horadando los fundamentos del Estado nacional para que un día los separatistas vascos y catalanes consigan su objetivo: la autodeterminación.

En ese horizonte tiene que inscribirse la decisión del Gobierno de Sánchez sobre los restos de Franco. No solo se trata de una obsesión psicológica o un juego ritual de los socialistas con los huesos del viejo dictador para revivirlo y, después, matarlo. Es algo más que una nueva estigmatización del franquismo. El socialismo español quiere reafirmar su existencia política con una acción relevante, desde el punto de vista simbólico, que dé correa y vitalidad, o sea, genere expectativas de poder, a los terroristas, los separatistas y los populistas, mientras los socialistas detentan el poder. Sacar los restos de Franco no es sólo una exhibición o ejercicio de musculatura socialista frente a sus socios separatistas, sino una prueba para sacar del tablero político no sólo a uno de los actores principales que hicieron posible la primera Transición, el PP, sino a quienes defienden la idea democrática de Nación española.

Sánchez quiere ejecutar con precisión el viejo proyecto socialista que dejó inacabado Zapatero y entre paréntesis Rajoy. El Proceso abierto por Zapatero con los terroristas y separatistas, después del terrorífico 11-M, ya no es, como algunos se malician, una reivindicación de la izquierda para toda España, sino un plan que está ejecutándose. La decisión de exhumar los restos de Franco de Cuelgamuros representa la primera gran escenificación de que estamos ya en plena Segunda Transición. El Proceso, iniciado por Zapatero según el viejo esquema de Bosch Gimpera y Anselmo Carretero sobre la necesidad de actualizar una España de pueblos y tribus cuasi prerromanas, ha comenzado su final sin que hasta el momento el PP haya dado alguna prueba de autocrítica de su política meliflua con los nacionalistas y separatistas, o sea, con los principales socios de Zapatero ayer y de Sánchez hoy.

No bastará, pues, con abstenerse o votar abstractamente por la exhumación de los huesos del viejo dictador en pro de una retórica reconciliación entre españoles, que llevan reconciliados más de cuarenta años, sino que se requerirá discurso, o sea, política por parte de la Oposición, para saber qué significado tiene esa decisión gubernamental para el desarrollo de la democracia española.

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