Los Cristos de Prior

Agapito Maestre

Semana Santa. El tiempo también pinta, decía el grandioso Goya. Ya lo creo que pinta. Miro en Semana Santa los Cristos pintados por Prior, o sea Dios crucificado, y me emociono. Sobresale el Cristo de los Faroles. Es imposible pintar mejor un Dios tan humano. Pellizcan el alma esos cuadros. Son abiertos, vivos, dinámicos e interminables. Es obligación del espectador acabarlos. Cobran vida en cada momento que volvemos a mirarlos. Los Cristos de Prior son capaces de renovar nuestra mirada hasta hacerla transparente. Son Cristos para miradas limpias. Prior, además, pinta la vida. Es único. Prior sólo se parece a sí mismo. La pintura de Prior es un canon emotivo, una sabiduría del alma, un manera singular de ver, apreciar y juzgar la evolución del expresionismo, el cubismo y otros estilos pictóricos clásicos y modernos. Lo decisivo no es lo recibido, la inteligente capacidad de Prior para aprender de esas formas de expresión artística, sino lo construido a partir de ellas. Su obra, dicho en corto y por derecho, es una unidad de medida para evaluar la evolución de múltiples formas pictóricas. Artísticas.

Este pintor ha conseguido con una mínima estética, casi una intuición sobre el poderío de la pintura como pensamiento, y mucho sacrificio personal hacerse cargo de su destino pictórico. De su arte. Supo ver con precisión que lo más difícil es descubrir lo que ya sabes. Gracias a esa corazonada su obra está en permanente evolución. Porque pinta más con el corazón que con el cerebro, su pintura es vida que da vida. No nos cansamos de verla y admirarla. El mismo cuadro nos dice algo nuevo todos los días que lo miramos. Eso es vida nueva. Nos educa la mirada y renueva la emoción personal y viva que sentimos enfrente de las obras de arte. La gran pintura arruina la reproducción rutinaria de la impostura de la belleza mecánica. Un cuadro no puede agotarse nunca. O nos dice algo cada día o no es arte.

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Prior ha atendido con el alma, o sea con sabiduría popular, las indicaciones surgidas del lienzo. Todo está en el lienzo. Él te lleva; el lienzo es el protagonista y director de la limitada inteligencia y de las escasas facultades del hombre, del pintor, si de verdad el artista cree en lo que hace. El lienzo convierte nuestras escasas facultades en potencias extraordinarias. Ahí nace el entusiasmo de una obra única. Original. El pintor debe hacer sentir al hombre que contempla su obra la misma vitalidad que él sintió al crearla. La pintura es antes que un cuadro, un tema, un color, una pincelada, algo casi acabado, un sentimiento, una forma de vida. Sí, la entera vida de Prior es la pintura. No hay diferencia entre una y otra. Pintar es vivir. Su vida es su pintura. Quien mire un cuadro de Prior, sentirá al instante las paradojas de la vida. Convirtamos nuestras limitaciones en facultades, lo imposible en posible, merced al sacrificio personal.

No es menester copiar la naturaleza, los objetos, las figuras y otros mil temas. Basta recordarlos. Prior Pinta de memoria sin necesidad de recurrir al modelo. Pinta la alegría, el engaño, la pobreza, el mar, las minas, la muerte y la vida. Pinta todo lo que ve. La pintura agota su biografía. No necesita imitar. Su mimesis es siempre recreativa. Porque sabe ver, sí, desarrolla una extraordinaria sensibilidad ante la magia del color. Y tiene una sencilla facilidad para expresarla. Pocos como él consiguen jugar en serio con los volúmenes y las formas. La ejecución de su obra es rápida, decidida, vital, pero, ay, el resultado es arte reposado, profundo, a veces, puro pensamiento. Su pintura aúna conceptos sobre grandes temas con intuiciones llenas de inteligencia. Vanguardia dentro de la vanguardia. Es pintura directa, fresca y temperamental. Pintura entre corazones: sale de las entrañas del alma del pintor y va directa al corazón del espectador. Siempre emocionan sus cuadros.

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Artista grande es Prior, porque antepone el arte a los medios de ejecución. Prior, sí, prioriza la vida del arte de la pintura a su conclusión, realización y cumplimiento. La obra esta abierta a la mirada de todos. Más aún, son los espectadores, especialmente los que no son artistas, los últimos encargados de cerrar el significado del cuadro. He ahí el poder sintético de su pintura para educar la mirada de sus espectadores. Si la tela dicta y dirige la mano del pintor es, naturalmente, porque su idea del arte es firme, segura y deslindada de las técnicas y los medios de ejecución. Por eso, precisamente, porque hace de cualquier cosa un lienzo, un grandioso lienzo, no importa que pinte sobre madera, cartón, papel de estraza o de periódico, o cualquier otra técnica mixta, es uno de los grandes de la pintura española de nuestra época. Un clásico contemporáneo.

Su obra es, por encima de cualquier otra consideración, una fuente de inspiración de grandes artistas españoles y extranjeros. Prior es maestro de maestros. Pintor de pintores. La alegría triste, los muertos vivientes, los bailaores, Cristo crucificado, la soledad, el revuelo fiestero, los toreros, los bellos bodegones, los cuadros cubistas o expresionistas, la mujer leyendo o cosiendo, la familia, los desnudos, la bailaora, la africana o la acurrucada, el aquelarre a la luz de la luna, los mineros o los segadores, el hombre de la pipa, o el desnudo de la Larga, el Santo Voto o la madre que nos parió, todo, lo concreto y lo abstracto, lo singular y lo universal, todo es valido para hacer de la vida, incluso de aquello que ha sido expulsado del sentido común, una obra de arte al servicio de la Pintura. Su arte es pura vitalidad.

La pintura de Prior, empezando por sus Cristos en Semana Santa, es el instinto metiendo en cintura a la geometría, aunque otra cosa diga el poeta.

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