La venganza de Sánchez

Agapito Maestre

Sánchez tiene el poder, todo el poder, y no quiere compartirlo con nadie. Por eso, precisamente, indultará a quienes quisieron romper la unidad de la Nación española el 1 de octubre de 2017. Los delincuentes encarcelados saldrán a la calle por decisión del poderoso Sánchez. Para evitar la pedantería no nos desgañitemos disputando sobre las palabras del tirano. La decisión está tomada contra todo tipo de razones. Pasa por cima de las ajustadas razones del Rey en su discurso televisado contra los golpistas. Pisotea la sentencia y el informe de los Jueces y Magistrados contra los secesionistas. Desprecia a la llamada Oposición y, por supuesto, reta a una sociedad civil, que aparece y desaparece como un Guadiana casi disecado, para afirmarse en su poder. Para Sánchez, sí, el Rey y el pueblo son juguetes a su servicio. Tampoco considera que los Jueces y Magistrados, integrantes del poder judicial, independientes, inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la ley (art. 117 de la Constitución) puedan administrar justicia, porque la sentencia que emitieron en su día contra los golpistas estaba basada, según repitió cuatro veces, en la venganza y la revancha.

Mil razones existen contra la terrible decisión de Sánchez. Pero ninguna de ellas, ni siquiera los argumentos tácticos de la gente de su partido, servirán para cambiar su decisión. Sánchez indulta no para perdonar a los golpistas sino para meter en cintura la cobardía española. Aquí solo puede haber un valiente: el poderoso Sánchez. La estabulación de la ciudadanía es su objetivo, o peor, solo quiere "ciudadanos" siervos. Por eso, utiliza con fruición y delectación lo único que posee: el Poder para fomentar servidumbres inútiles y desgracias innecesarias. Estamos ante la figura clásica del tirano. Respondamos, pues, con precisión a la pregunta: ¿por qué indultará Sánchez a los golpistas catalanes? Porque le da la gana.

Dejemonos de enredos sobre si el indulto favorece a la oposición o al PSOE en unas futuras elecciones. Dejemonos de cálculos sobre cuando se proclamará el Estado libre asociado de Cataluña con el consentimiento de Sánchez. Dejemonos de pensar escenarios racionales sobre una decisión sin un hálito de esperanza. No hay otra clave que fatalidad tiránica. Su indulto es una simple exhibición de su inmensa fuerza. Es lo único que tiene y, por lo tanto, de vez en cuando tiene que ejercerla. Nadie en España tiene su determinación, sus arrestos, en fin, su instinto de poder. Ni Sánchez ni su primer asistente, un tal Redondo, se tirarán al barranco, sino que antes tirarán a todos los que se interponga en su camino. Nos lleva arrastrando al borde del abismo desde que llegó al poder de modo ilegal (sic) e ilegítimo, es decir, haciendo lo contrario de lo que dice, y viceversa.

Sánchez, sí, es poderoso, prepotente y tiene la sartén por el mango. Tiene la violencia ciega a su entera disposición. Y, además, nadie se engañe, tiene de su parte la "ley" que es siempre la misma, porque prohíbe, como mantenía el irónico Anatole France, por igual a millonarios y mendigos dormir debajo de los puentes. ¡La ley! Un sarcasmo de los dueños del poder. Ya lo ha dicho Carlos Lesmes Serrano, el Presidente del Consejo General del Poder Judicial, a la concordia siempre hay que mirarla con mimo. La intención de Sánchez es loable. Las declaraciones de Lesmes son la confirmación de la pretensiones del tirano. Y, por si fuera poco, Sánchez tiene a su disposición toda la palabrería que va unida al vocablo concordia, reconozcamos con humildad que utiliza como el mejor, o sea con la demagogia y la brutalidad del político profesional, las palabras paz, justicia y protección de los débiles. Eso le basta para legitimarse ante sus superiores. Ni siquiera se someterá a contrastar el significado de esas palabras con la realidad…

Sánchez concederá, sin duda alguna, el indulto, o sea una amnistía encubierta, como quieren los golpistas, porque España no es una democracia sino una democradura, es decir, una dictadura con formas democráticas. El resto es silencio. Tragedia de un Estado sin Nación.

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