La seducción totalitaria

Agapito Maestre

La tortura y el crimen son tan corrientes en la Cuba de 2022 como en la de 1959. Hemos sabido por la prensa que arrancan con pinzas las uñas a las niñas en las cárceles. Todos los métodos de tortura del comunismo soviético han sido puestos en práctica en Cuba. Imagino que otros muchos habrán sido inventados por estos criminales. La maldad del hombre no tiene límites. El régimen político cubano no ha dejado de torturar desde 1959. La atrocidad comunista del siglo XX permanece en el XXI. Todo el mundo lo sabe. Pero excepto unos pocos, todos callan. El horror de la tortura triunfa. Cuba sigue siendo un asidero ideológico de la izquierda. Por eso, la coalición socialista-comunista del Gobierno de España no dirá nada contra los torturadores cubanos. Jamás las mujeres de la izquierda española denunciarán las torturas de las mujeres cubanas. Jamás levantarán la voz contra el régimen político que les da legitimación.

El totalitarismo comunista es fuente clave de legitimación de la izquierda en el poder. No siempre fue así. Hubo alguna época en que la democracia española fue una referencia para acabar con el castrismo. Felipe González tuvo algunas iniciativas para exportar el modelo democrático español a Hispanoamérica y enfrentar los procesos revolucionarios. También el viejo PCE albergó esperanzas sobre la capacidad pedagógica de su evolución del estalinismo al eurocomunismo. Pero todo eso ya pasó. Murió. El proceso de involución de la izquierda española asusta. Está por todas partes y se palpa con las manos. La democracia para esta gente es sólo un método para imponer un régimen de partido único. Y a ser posible dirigido por un gran césar. Y si no se logra hallar el líder entre los líderes, buscan desesperadamente mitos que lo sustituyan. Porque la izquierda se despidió hace tiempo, especialmente desde la llegada de Zapatero al poder, de cualquier postulado crítico contra los populismos y totalitarismos neosoviéticos, es menester indagar en sus fuentes intelectuales para desenmascarar la atrocidad.

Entre los múltiples mecanismos de adoctrinamiento e ideologización utilizados por la izquierda, tiene una gran importancia el ocultamiento del pasado más oscuro de algunas de sus principales figuras del pasado. Ahí tienen el ejemplo de Pasionaria, Dolores Ibárruri, la dirigente comunista, sobre la que han aparecido nuevas investigaciones cuyo denominador común es la exaltación de su pasado revolucionario. Totalitario. Lejos de analizar sus errores y mostrar críticamente una figura que fue condescendiente con el estalinismo, están obsesionados por su figura mitológica. Esas publicaciones olvidan por completo las contradicciones, las rectificaciones y, en fin, la evolución política de este personaje que le hicieron abrazar la democracia.

Si hace cuarenta años, al comienzo de la democracia, Cimorra y Caravantes escribieron un libro magistral, El mito llamado Pasionaria, sencillamente, para desmitificarla y presentarla como una política con todos los claroscuros del mundo, ahora, en 2021, se escriben libros mazorrales, sin duda, llenos de datos y esfuerzos de investigación, pero con un único objetivo: mitificarla. Endiosarla como símbolo del comunismo totalitario. Cimorra y Caravantes eran comunistas y conocían directamente al personaje, pero antes que comunistas tenían amor a la verdad, creían en su nación y en la posibilidad de vivir civilizadamente con sus adversarios y con sus enemigos. Eran personas muy serias e intelectualmente muy bien formadas. Mostraban todos los aspectos del personaje, los buenos y los malos, y analizaban su alejamiento de las posiciones estalinistas para abrirse a las corrientes críticas de la disidencia. Ese libro, en fin, era un estudio de las nuevas vías democráticas para salir del callejón totalitario soviético e integrarse en la vía reformista. Democrática. Exactamente todo lo contrario por lo que aparecen apostar los nuevos biógrafos de Pasionaria. Por ahí vamos: de la democracia al totalitarismo.

A continuación