La oposición delega su deber

Agapito Maestre

El sistema político español es, perdonen la obviedad, notoriamente mejorable. La prueba es el presidente del Gobierno. Todo el sistema político se reduce a Sánchez. Llegó al poder por su extremada determinación, osadía y creencia en sí mismo y se prepara para seguir en él arrasando todo lo que se le ponga por delante, incluido el poder judicial. Quizá la falla clave de todo el sistema es la incomunicación absoluta entre los diferentes poderes del Estado, o peor, nadie quiere compartir el poder. Todos los agentes políticos conciben el poder como algo absoluto. Quien tiene el Gobierno ostenta todos los poderes. Y, además, el poder es ejercido sin ninguna autolimitación. Nadie parece estar dispuesto a negociar, ceder y construir un poder político con el adversario.

Y, sin embargo, el pueblo no está tan harto de las promesas incumplidas de sus gobernantes como uno pudiera sospechar; al contrario, le va la marcha. Gusta y mucho de las mamarrachadas de Sánchez; si el personal de a pie, eso que llamamos "la sociedad", estuviera harta del Gobierno de España, no creo que saliesen tan bien parados los socialistas y los podemitas como dicen las encuestas; sí, ya sé, ya sé, bajan en los miles de estudios que ahora se hacen sobre las expectativas de voto, pero descienden muy poco, como diría un castizo, para lo mal que lo están haciendo. Nadie se engañe, pues, con el rollo de las encuestas electorales. Valen para lo que valen… Lo obvio es que millones de españoles han sido marginados por el Gobierno, pero el PSOE y sus socios de coalición siguen altos en las expectativas de voto. Están demasiado crecidos en el Gobierno, sobre todo si se tiene en cuenta que todas las grandes agencias de socialización política de Europa y España coinciden en un sencillo diagnóstico: el Gobierno de España no gobierna. Únicamente trabaja para consolidar un régimen político basado en la figura de Sánchez. Un hombre imposible de entender sin la mentira. Miente como habla. Vivimos, pues, en el desgobierno.

Hasta la oposición del PP parece feliz instalada en el abismo. Piden, sí, piden con la boca chica elecciones generales, pero no se nota que progresen en su demanda. La oposición no consigue que haya elecciones anticipadas. Aquí está la clave. Porque el presidente del PP, Pablo Casado, no deja pasar un día sin hacer promesas y más promesas, podemos creerlas, aunque ya sabemos cómo funciona esta gente cuando llega al Gobierno; pero la cuestión no es de promesas sino de acciones y discursos. ¿Qué hace realmente el PP para instar a que Sánchez convoque ya unas elecciones anticipadas? Poco y sin garra política. Está bien que el PP nos prometa derogar algunas de las llamadas "leyes sociales" que el Gobierno de Pedro Sánchez ha puesto en marcha, si llega a la Moncloa. ¡Sólo faltaba que Casado no se opusiera ahora y formalmente a leyes como la de educación, la de universidades, la de memoria democrática! El problema es qué hace aquí y ahora para cuestionar todo ese trabajo de ingeniería social y política del Gobierno de Sánchez para establecer un régimen político de corte autoritario.

¿Cuáles son las estrategias del PP para enfrentarse al revisionismo histórico, el revanchismo ideológico y el sectarismo político?, ¿dónde están sus discursos y acciones para conectar a la política a millones de ciudadanos que pasan del Gobierno y la oposición?, ¿cuáles son las fórmulas del PP para ilusionar y regenerar la vida política? Para ganar las elecciones, señor Casado, lo primero que tiene que hacer es provocarlas. Y eso es algo, por desgracia, que usted desconoce. Los españoles de a pie no están contentos con el Gobierno de España, casi no le prestan atención a Sánchez ni a sus ministros, pero tampoco tienen un buen concepto de la oposición, sencillamente, porque no consigue desalojar a esta gente del poder. Así las cosas, los ciudadanos comienzan a intuir el mayor problema del PP: su labor de oposición no sólo no la ejerce bien, sino que delega su obligación, su principal deber, que es expulsar del poder a un Gobierno sin apenas legitimidad democrática, en sus futuros votantes. ¡Cuidado, señores del PP, no se pasen de listos! El poder desgasta, pero la oposición puede desgastar más… Casado, por favor, trate de limitar sus promesas para cuando llegue a la Moncloa, y concéntrese en hacer Oposición. Ataje el peligro que ya se oye por toda España: aquí todos prometen, pero cuando alcanzan el poder se rilan.

A continuación