La frivolidad y las pensiones

Agapito Maestre

Cuando veo a un político reír no puedo dejar de recordar a Buster Keaton, el famoso actor y director de cine cómico al que nadie le vio jamás reír. Keaton, "el hombre que nunca ríe", según era conocido en su tiempo, logra sacarnos sonrisas y lágrimas de risas, pero los políticos riéndose a todas horas son patéticos. Dan miedo. Su risa es chabacana y frívola. Su gesto risueño, sí, es la antítesis de la sinceridad. La frivolidad no acaba, sin embargo, en la risa. ¡Ojalá! Cuando dejan de reírse y adoptan gestos de seriedad, entonces la banalidad puede presentarse de múltiples formas, en realidad, son máscaras para ocultar la carencia de lealtad con ellos mismos.

En el pleno monográfico sobre las pensiones en el Congreso de los Diputados hubo más actitudes frívolas y chabacanas que propuestas sinceras para solucionar el más grave problema de la sociedad española. El Gobierno no tiene ni idea de cómo podrían subirse las pensiones de hoy ni tampoco de cómo serán las pensiones de mañana sin contar con el apoyo de todos los grupos de la Cámara; más aún, ha condicionado cualquier medida sobre la subida de pensiones a la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado. Frívola es, pues, la posición del Gobierno de vincular la subida de las pensiones mínimas y de viudedad a que se aprueben los Presupuestos Generales del Estado; pero es aún más trivial la posición del PSOE y Podemos de no querer discutirlo en el seno de esa comisión parlamentaria y ausentándose de los foros de discusión sobre el famoso Pacto de Toledo. Rechazan la lucha política en las instituciones por veleidad. La frivolidad de unos y otros termina negando lo que les da vida: la política.

El Gobierno y el grueso de la Oposición están jugando con un asunto serio, seguramente el más serio, de todos los que afectan al presente y el futuro del Estado. Frívolo es lanzar un mensaje de calma, como ha hecho Rajoy, a millones de seres humanos que no llegan a final de mes con unas pensiones miserables, pero es aún más frívolo jugar a las movilizaciones callejeras despreciando el poder de la política en las instituciones. Frente a tanta ligereza política, fue el discurso de Rivera memorable por realista. Rivera lo hizo sencillo para todos. Decir que aquí no pasa nada, como insinuó Rajoy, es tanto como caer en el frívolo triunfalismo, pero abandonarse a políticas populistas y callejeras, como hacen el PSOE y Podemos, es caer en el barro de la frivolidad derrotista.

Frente a triunfalismo y derrotismo, frente al institucionalismo rampante y la protesta populistas, es menester hacer política, o sea, discutir con rigor en las instituciones el mantenimiento y subida de las pensiones a través de medidas que luchen contra la precariedad del empleo y la subida del paro. Sin empleo digno nunca habrá pensiones decentes. Es menester la bajada del IRPF para los que no llegan a final de mes; ayuda a la natalidad, un país sin niños es un país muerto; es menester bonificaciones y tarifas planas para los trabajadores autónomos y, sobre todo, propuestas no sólo para aquí y ahora sino para el futuro. Realismo, frente a frivolidad, es lo que volvió a exhibir este miércoles el líder de Ciudadanos.

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