La derecha sin remedio pacta con Sánchez

Agapito Maestre

Varias y diversas son las maneras de acercarse a las declaraciones de Feijóo sobre la idea de nación española. Ninguna de ellas dejaría pasar por alto su déficit de legitimidad política. Democrática. Es la hora, dicho más castizamente, de aguantar sus errores. Quizá eso les permita rectificar sus barbaridades con inteligencia política. Lean a quienes les critican, tomen notas y estudien. No sean tan sobrados. Les pierde la vanidad. Ustedes, señores del PP, con esas declaraciones han demostrado un desconocimiento absoluto de las ideas de Estado y Nación para caminar con paso erguido por la vida pública política española. La derecha sin remedio se ha vuelto a entregar a los designios del separatismo socialista, o sea a Sánchez y sus acólitos exterroristas y separatistas. Todos son iguales en sus posiciones particularistas. Solo miran por su cortijo y a España que le parta un rayo.

Algunos de mis lectores, personas buenas y de gran corazón, me dirán que, al menos, ya han rectificado. ¡Rectificación! No. No creo que haya habido un verdadero reconocimiento de su error, y menos una explicación a la altura que merecen sus votantes, simpatizantes y el resto de españoles que creen en la Nación española. Nadie que defienda una idea de nación española como tradición y proyecto puede contentarse con los balbuceos de Feijóo. No ha habido arrepentimiento ni enmienda por parte de Feijóo, sino una huida para que no lo pille el Toro de España. Cobarde. Sí. No sé qué es peor, afirmar que Cataluña es una nación o que España es una nación de naciones. Menos todavía salvará a Feijóo la apelación o llamada a la Constitución de 1978, si previamente no reconoce con argumentos e historia que el fundamento de esa Ley Fundamental es la Nación española.

Malo, pues, son todas las sombras sobre el rollo de las "nacionalidades", pero aún es más rastrero pretender zanjar la polémica con "es obvio que España es una nación". Y pasemos a otra cosa. De eso nada. Antes de pasar a otra cosa, señores del PP, lean, hablen, estudien y consulten con otros agentes políticos. Ustedes no son los únicos dueños del espacio público. Ni el PP ni el resto de partidos políticos me van a decir a mí qué es España. Protagonistas políticos somos todos los españoles. Sigan leyendo y aguanten. Lean a los clásicos defensores de la nación española desde Quevedo hasta Ortega. Hay ciento de grandes autores que les podrían ayudar a limpiar sus telarañas mentales. Sé que no lo harán. No importa. Pero es mi deber ciudadano indicarlo, porque ni Feijóo ni Sánchez ni la madre que los parió a todos ustedes me va a quitar mi nacionalidad española. La nación, España, es antes todos nosotros.

Ustedes, y el resto de los políticos españoles, representan malamente a España y, por supuesto, ustedes esconden sus pobres identidades con una mera apelación, especialmente los días festivos, a la nación española. Sí, ustedes digan y rebajen la idea de nación española al mismo nivel que la gallega o la catalana, o peor, hablen de España como nación de naciones, pero cada vez que se pongan chulos con esas expresiones bastardas yo les gritaré: son ustedes infames. Matan lo que les da vida. Hoy como ayer, por desgracia, el particularismo de los partidos políticos españoles, llamados nacionales, es de la misma bajeza intelectual y política que la de los partidos políticos separatistas. Exactamente igual. Relean un poquito a Ortega.

Quien renuncia a la nación española, sépanlo con claridad, renuncia a la política normal y decente. Sí, las declaraciones del presidente y el coordinador general del PP han demostrado con creces que están lejos de poseer una idea de Estado dentro de la Nación. Exactamente eso, saber qué Estado quieren dentro de la Nación española, es lo que define a los buenos políticos. Las declaraciones de estos dirigentes del PP sobre la nación española o, mejor dicho, su carencia de idea sobre la nación española están al mismo nivel que las de Sánchez y los separatistas. No son afirmaciones de estúpidos ni de acomplejados. Son idénticas a las de los socialistas y separatistas. Tiendo a pensar que estos personajes ni son tontos de baba ni tienen problemas psicológicos, sino que simplemente son profesionales del politiqueo. Pero nadie se extrañe de sus destrabadas palabras. No son los únicos que dicen barbaridades. También en España hay miles de gentes con cabeza para sus respectivas técnicas y pericias profesionales que mantienen cosas parecidas, o peor, han entregado hace tiempo la génesis y desarrollo de la opinión pública política a los profesionales del politiqueo. No entren en polémicas estériles con ellos. Simplemente, hemos de despreciarlos, mientras nos preparamos para organizarnos en juntas o instituciones similares para defender lo que los partidos niegan: España como nación.

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