La banda de Putin

Agapito Maestre

El ejército de Putin en Ucrania ha demostrado con creces su salvajismo. Pero, sobre todo, ha dado pruebas múltiples de su ineptitud para hacer la guerra; a veces, más que un ejército, una organización militar para defender a su país, parecía una banda de criminales sin ningún tipo de escrúpulos para eliminar a la población civil. Si un ejército es el reflejo de una sociedad, entonces tendremos que mantener que la sociedad rusa dista mucho de poder ser considerada de acuerdo con los preceptos morales del mundo civilizado. En todo caso, si tuviéramos que poner algunas objeciones al modo de llevar la guerra el ejército ruso en Ucrania, he aquí las más relevantes de un observador civil, sí, de alguien que sabe poco, por no decir nada, de técnica militar.

El ejército ruso ha hecho, desde el principio de la invasión, un mal planteamiento de la operación de guerra al intentar dominar en un brevísimo periodo de tiempo un país de la envergadura de Ucrania, que contaba con un ejército superior en efectivos al contingente de las tropas agrupadas por Rusia en la frontera. En segundo lugar, plantear una batalla en más de 10 direcciones y frentes a la vez es una forma de perder efectividad, porque dispersa y diluye el potencial atacante. En tercer lugar, dejar unas tropas preparadas para la invasión pudrirse, durante más de un mes, en tiendas de campaña, con temperaturas bajo cero y sin aprovisionamiento adecuado, en la frontera con Ucrania, mientras los políticos rusos estaban chantajeando a la OTAN con una guerra, no contribuye a elevar la moral de la tropa. En cuarto lugar, los diseñadores de la guerra mostraron una total incompetencia logística por no aprovisionar debidamente a las tropas: faltó munición y combustible. Hubo carencia casi de todo, incluso la alimentación fue mala y escasa: las raciones para los soldados eran de hambre (los primeros contingentes que entraron en Ucrania tenían alimentos para sólo tres días y, al pasar esas fechas, los soldados se quedaron sin nada que llevarse a la boca…). En quinto lugar, los mandos militares crearon entre los soldados rusos una falsa imagen sobre la debilidad del ejército ucraniano, desprestigiando de esa manera la capacidad de resistencia del enemigo, que desconcertó muchísimo a las tropas invasoras nada más entrar en los primeros combates. En sexto lugar, el pésimo estado de un gran número de las máquinas de guerra (principalmente los tanques), que no pasaron jamás, durante los años en la retaguardia, una revisión técnica adecuada, ha contribuido de modo decisivo no sólo a alargar cruelmente la guerra, sino también a mostrar las debilidades de un ejército mandando por un déspota muy limitado intelectual y moralmente.

Durante estos dos meses de guerra, se han revelado cientos de aspectos puramente militares, que la mayoría de las veces nos han sido descubiertos por militares profesionales españoles y extranjeros, por parte de los dos contendientes principales. Pero quizá el más relevante debamos referirlo a la actitud del pueblo de Ucrania, especialmente su predisposición a defender su libertad, a través de las armas. Ahí reside la grandeza de su buena actuación militar, a pesar de no contar con las armas adecuadas para defenderse. Los ucranianos han dado un ejemplo al mundo de la defensa de una nación. Todos han estado en su sitio; tanto los comandantes de ese ejército como las tropas regulares, tanto la guardia nacional como los partisanos, han hecho lo debido. Y, según los especialistas, los generales ucranianos no han cometido ni un error importante en estos dos meses de una guerra en condiciones muy desiguales para su ejército. La cosa, pues, no pinta bien para Rusia. Si a la ineptitud del ejército ruso unimos el suministro masivo de armamento que, en la última semana, está recibiendo Ucrania de los países de la OTAN, entonces la desfavorable balanza en la que se encontraba el país de Zelenski puede cambiar a su favor.

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