Indignidad, Illa e Iceta

Agapito Maestre

Un poco de silencio siempre viene bien. Hacer hueco a nuestra conciencia para que entre alguna novedad es siempre placentero. La salida de un ministro es siempre un estímulo para el olvido, para volver a empezar, para creernos que es posible la felicidad. No es el caso de la salida de Illa, porque lo seguiremos viendo a todas horas con el rollo de Cataluña. Y, además, han traído a Iceta para que nos acordemos continuamente de su cuate. Estos tipos son una pesadilla. ¿A qué viene Iceta? Hagan cábalas, pero la primera es obvia. Iceta viene a sustituir a Illa. Sí, viene para que no nos olvidemos de este tipo cruel y mentiroso. Sánchez es único para torturarnos: nada de olvidos para traer un poco de placer a nuestras vidas.

Iceta e Illa son dos políticos intercambiables, a pesar de las aparentes diferencias. Uno se va a su pueblo y el otro viene, sí, también de la provincia. Los dos son terriblemente pueblerinos. Los dos se dan el pico con lo peor de Cataluña. Son dos camelistas. Ayudarán a Sánchez-Iglesias a construir el gran camelo, una república de carácter federal y, sobre todo, autoritaria. Quieren ahondar en los métodos represivos tan bien experimentados en Cataluña. Destruir la España liberal y democrática es el único objetivo de estos sujetos. Illa regresa a su comunidad con una cierta pátina de la capital, quizá eso le sirva para ganar algunos miles de votos más que los obtenidos por Iceta, quien regresa a Madrid, después de muchos años, porque fue entre 1995 y 1996 subdirector del gabinete de Presidencia con Felipe González. De esa época viene el mal fario de este político gritón y bailarín, porque Iceta siempre ha hecho fracasar al PSC en todas las elecciones.

Illa e Iceta han demostrado con creces su alto nivel de incompetencia. Pero eso da igual a Sánchez. Lo importante es que ayuden a domar a los constitucionalistas en toda España. El resto es palabrería. El daño que estos dos políticos seguirán haciendo a la nación, a la única nación, es comparable a su nivel de inmoralidad. Iceta desconoce el significado de la palabra moral. Puede defender una cosa y la contraria con una palabrería insólita. Algunos le atribuyen inteligencia, pero es solo perversa osadía. Nada. Maldad de rico de pueblo. Illa desconoce por completo la emoción del arrepentimiento y, por supuesto, jamás pedirá perdón a los familiares de las miles de víctimas que su nefasta gestión ha provocado.

Estos dos políticos, como la volteriana Madame de Châtelet, apartan continuamente de su mente el recuerdo de las faltas que han cometido. Tienen incorporado en su cuerpo una especie de mecánica de la felicidad, cuya primera regla es olvidar sus faltas. No reprocharse jamás sus propio errores. No dedicar tiempo alguno a reparar en sus propios desaguisados. ¿Cuántas villanías han cometido y dicho estos dos tipos? Se cuentan por decenas. La primera y principal de Iceta es haber mantenido que España tiene ocho naciones… Alguien que ha dicho eso no puede jurar su cargo de ministro de la Nación a no ser que haya perdido la dignidad. Después de haber fracasado en la cosa catalana en todas las elecciones, ¿a qué viene Iceta al Gobierno de España? A proseguir la principal labor de su discípulo Illa: mentir, mentir y mentir. Y, de paso, hará agitación y propaganda para sacar a los golpistas de la cárcel y preparar un referéndum de autodeterminación. En fin, es falso todo ese cuento de que Sánchez ha nombrado a Iceta ministro de Política Territorial para pagar no sé qué al PSC. Mentira. Lo ha traído para romper definitivamente España.

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