Falsa guerra

Agapito Maestre

Contemos las cosas sin tapujos. Rusia no invadirá Ucrania. No habrá otra guerra más allá de la que ya está librándose en una parte muy limitada del territorio de Ucrania. Putin es un vulgar fullero. Engaña a su pueblo con múltiples mentiras sobre un posible ataque occidental a Rusia. Y amenaza a Ucrania, un país democrático, con invadirlo. El proceso de neosovietización, o sea totalitario, de la Rusia de Putin sólo halla aliados en la torpeza de la derechona mundial, especialmente la más tradicionalista y antiliberal, y la izquierdona comunista de los populismos hispanoamericanos. Cualquier demócrata sabe que Rusia, después de la descomposición de la URSS, no es significativa militar ni económicamente; ni siquiera ha conseguido colocar al Kalashnikov un visor de combate nocturno y su miserable economía depende de China y del gas natural que vende a los europeos. Detrás de la actitud amenazante de Putin no hay nada más que propaganda. Eso sí el déspota cuenta con la cobardía de la Unión Europea y las decisiones remisas de la administración demócrata de EEUU.

Así las cosas, porque la única virtud del teniente coronel de la KGB es la utilización de la amenaza, tiendo a pensar que todo se quedará en un gran farol de las partes en conflicto. Todos intentarán sacar algunas ganancias de esta gran farsa, aunque menos suculentas de las expectativas que han puesto en sus respectivos engaños. Mientras asistimos a este gran montaje entre EEUU y Rusia, seamos rigurosos con los argumentos y utilicemos prudentemente los datos para comprender qué está sucediendo en esa zona del mundo. Descartemos de entrada la soflama de que Europa traga con la política expansionista de Putin, como dicen los castizos, por la pasta; por favor, ante una improbable invasión rusa de Ucrania, no acepten de buen grado que Alemania y sus aliados de Europa callarían, porque compran a precio razonable el gas natural de Rusia. Falso. El razonamiento es otro: ¡Qué haría Putin con su gas natural si no se lo compraran los europeos!

No tiene demasiada validez la conjetura de la compra-venta del gas ruso para justificar la cobardía de la UE ante Rusia. El razonamiento es tan endeble como aquel otro que considera que Putin no invadirá Ucrania por que ha aprendido de la historia desgraciada de Rusia en el siglo veinte; sí, porque sabe que Rusia perdió en 1905 la guerra con Japón; más tarde, fue vencida en la Gran Guerra; y, como es sabido, también tenía perdida la guerra en 1941 con los alemanes, pero los americanos la salvaron, en realidad, sin la ayuda que le prestaron los norteamericanos, durante y después de la guerra a Stalin, el comunismo soviético no habría sobrevivido. En fin, Rusia siguió perdiendo en el siglo pasado más guerras: Afganistán, Chechenia, etcétera… Ahora bien, ¿son relevantes esas derrotas rusas para que un déspota como Putin descarte la invasión de Ucrania? ¡Quién lo sabe!

Pongamos entre paréntesis las suposiciones y volvamos a lo concreto. Procuremos, pues, encomendar nuestros razonamientos a la sagrada realidad. Quizá no nos quepa otra cosa a los comentaristas políticos que levantar acta de lo real. Dejemos de lado las paparruchadas lastimeras sobre la fortaleza militar de Rusia para invadir Ucrania, un país de 40 millones de habitantes, y con una población que mayoritariamente no quiere saber nada de la Rusia de Putin; aún hoy tienen vigencia los resultados del referéndum ucraniano de diciembre de 1991. Como ha explicado Boris Cimorra, en La caída del comunismo, ese referéndum marcó el final de la Unión Soviética y sigue marcando, según mi parecer, el devenir de la relaciones entre Rusia y Ucrania: "El resultado fue abrumador y asombró a muchos. Por el ´sí' (a la independencia) votaron el 90% del 84% del total de los ciudadanos llamados a las urnas (…). En algunas regiones, como Galitcia la participación fue del 97% y por la independencia votaron el 99%; en la región de Lugansk (Donbás, en el este ucraniano), con gran porcentaje de rusos, votaron por ´sí' el 84%; en Crimea, con mayoría de la población rusa, la independencia de Ucrania fue apoyada por más del 54%, y en Sebastopol, la base naval de la flota soviética en el mar negro, el 57%". Con esos datos a la vista dudo de que Putin se atreva a invadir Ucrania.

La realidad sin embargo no será obstáculo para que la propaganda rusa haga de las suyas. Preparémonos para aguantar este paripé que mantendrá en vilo a la ciudadanía durante bastante tiempo. La tensión amenazadora por parte de unos y otros crecerá en las próximas semanas y meses. Sí, cuanta más profunda y disparatada sea la escalada de tensión entre Rusia y Ucrania, o mejor, entre Rusia y USA, más grande será el éxito que se apuntarán Biden y Putin, e incluso el actual presidente de Ucrania, en entredicho por algunos de sus compatriotas, pudiera obtener cierta legitimación si aguanta la presión neosoviética. Todos buscarán salir reforzados del tinglado montado. Se trata de un juego de intereses e influencias. Pero esto, los beneficios finales del conflicto, de momento es sólo una plausible especulación, un pensamiento serio que requiere de otro artículo, ahora lo prioritario es tratar de comprender la historia del conflicto ruso-ucraniano, a veces difícil de resumir, e insistir en algunos hechos que son inapelables.

No admitamos en modo alguno, como se lee en la prensa de España, que "casi la mitad de la población de Ucrania son rusos". Sería más correcto decir que es de un 30%. No es poco, pero no es la mitad. La concentración más grande de "rusos" está en los territorios cercanos a la frontera con Rusia - Donetsk y Lugansk. Pero en modo alguno toda esta población es partidaria de estar bajo el control de Rusia. De hecho, cuando empezaron las escaramuzas entre las milicias pro-rusas y las autoridades ucranianas locales, empezó el éxodo desde esta zona de la población civil. Se escapaban del fuego destructivo entre los bandos pro-rusos y las tropas regulares ucranianas. Pero no todos, ni mucho menos, se dirigieron hacia el territorio ruso, bastantes huyeron hacia el interior de Ucrania. No hay estadísticas fidedignas de este proceso migratorio. Tampoco admitamos que la milicias pro-rusas están compuestas de voluntarios llegados de Rusia. Es absolutamente falso. Salvo dos o tres psicópatas, esas milicias se componen de militares rusos camuflados de voluntarios.

Pero lo más importante para saber de que estamos hablando es recordar las largas negociaciones que tuvieron lugar entre Rusia, Ucrania, EE.UU y UE, sobre la intervención de Rusia en Crimea y en Donbás, que concluyeron con los acuerdos de Minsk-1 y Minsk-2, que fueron firmados por la parte ucraniana por el anterior presidente de Ucrania, Poroshenko, pero que fue rechazado su cumplimiento por el actual presidente. La amenaza de Putin de intervenir en Ucrania militarmente tiene como objetivo doblegar al presidente ucraniano para que reconozca y cumpla los acuerdos de Minsk, que, de hecho, convierten los territorios "rusos" en un protectorado de Rusia e imposibilita a Ucrania entrar en la OTAN. Que haya o no una guerra entre Rusia y Ucrania, naturalmente, dependerá en gran medida de la postura que adopte EEUU en apoyar o no la resistencia de Ucrania a cumplir los acuerdos de Minsk, que pueden convertirse, según Boris Cimorra, en algo parecido a los famosos acuerdos de Múnich, en 1938, y a un reconocimiento de nuevo de las influencias e intereses de Rusia, como fueron los acuerdos de Yalta. O sea, por la cobardía y la hipocresía de las democracias occidentales, se podría llegar a un Yalta -2, que reconociese las ambiciones imperialistas y totalitarias de Rusia en los ex países que formaron en el pasado la URSS y el imperio zarista.

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