Estigma contra Rivera

Agapito Maestre

No me cansaré de repetir que la descalificación de Rivera llevada a cabo por el señor De Carreras, fundador de Cs, no es política sino sofística. Es mala retórica, más propia de un moralizador superficial de la corte de Hipias que de un analista político. Un juguete ideológico del periódico El País, sí, que han seguido como borregos otras cabeceras sedicentemente plurales y abiertas. Uno puede estar a favor de un Gobierno de coalición entre el PSOE y Cs, pero la presión hay que ejercerla sobre Sánchez y no sobre su posible aliado... Quienes culpabilizan a Cs de que Pedro Sánchez pudiera conformar un Gobierno con populistas de corte comunista y separatistas de calaña golpista caen en una mentira. Esa opinión no es respetable. Es menester combatirla, porque abre un proceso de estigmatización de un liderazgo democrático, forjado en la lucha contra el nacionalismo separatista, que es más propio de sociedades cerradas que de una democracia pluralista.

Sí, hemos asistido en la última semana a todo tipo de descalificaciones, calumnias e improperios contra el liderazgo de Albert Rivera por su actitud negativa para favorecer la investidura de Pedro Sánchez. Pueden compartirse o, por el contrario, criticarse las actitudes y posiciones políticas de Cs en general, y de Albert Rivera en particular, para conformar un Gobierno de España, pero no es de recibo el proceso de estigmatización al que están sometiendo todo tipo de periodistas y comunicadores, y al que se han unido en las últimas horas Valls y Rodríguez Zapatero, al líder de Cs.

La presión y el chantaje que se ejercen sobre Rivera son tan perversos que parecen el reflejo de una sociedad enferma y de una comunidad política pervertida, que no sólo confunden las causas con los efectos, sino que hacen de ellos una mescolanza infernal para acabar culpando de todos los males de España a Rivera. Por eso, precisamente, descalifico por infame a quien mantiene que las villanías que comete Sánchez, o peor, que pudiera cometer el presidente en funciones del Gobierno de España, serían responsabilidad de Rivera. Eso, en mi opinión, no es una crítica sino un estigma, una infamia, contra un líder democrático, algo más propio de regímenes totalitarios que de una sociedad abierta y plural.

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