Diario de la pandemia. Escepticismo y lecturas

Agapito Maestre

Madrid, entre el 9 y el 11 de julio, de 2020.

Fraude, paciencia e inteligencia-sensible.

El gobierno de Sánchez-Iglesias no es respetado por nadie serio y con sentido común. Su legitimidad es mínima. Diga lo que diga sobre la pandemia de la Covid-19 suena a engaño. A mentira. Creo que en su fuero interno ni sus votantes más fogosos y fanatizados darían una moneda para apoyar su verborrea. La gente desconecta por completo cuando oye hablar a Fernando Simón, portavoz ideológico del Gobierno, aunque es presentado como un agente científico. El fraude del gobierno de Sánchez-Iglesias para atajar la epidemia ha sido descubierto por la mayoría de la población. ¿A quién atender entonces para protegernos de la enfermedad? Sigamos lo que dicen algunos científicos y esperemos con precaución y, sobre todo, paciencia la aparición de la vacuna.

¿Qué cosa sea la paciencia para un mundo instalado sobre el vértigo del desasosiego y la intranquilidad? Difícil pregunta. Yo no lo tengo claro. Podemos ayudarnos de la filología, de un diccionario semántico, donde se registren los sentidos que, en diferentes épocas de la historia de la humanidad, han recorrido y circulado por la palabra. No es mala indagación, pero pronto reconoceremos sus límites, aunque tengamos que aceptar el atractivo que contienen los cientos de sinónimos de la voz paciencia: serenidad, resignación, conformidad, temple, aguante, estoicismo, mansedumbre, perseverancia, sosiego, tolerancia, tranquilidad, calma, entereza, flema… ¿Buscan algo de lo contenido en esas palabras los individuos de este accidentado año 2020? Imagino que habrá personas para todos los gustos, pero quiero pensar que son mayoría los que tienden a templar su espíritu ante tanta calamidad. Otra cuestión es cómo logran mantener ese aguante tan necesario para sobrevivir con dignidad, mientras dura esta crisis sanitaria, económica y política.

La lectura pudiera ser una buena terapia para perseverar en la defensa de nuestro buen ánimo. Y, a propósito de paciencia, por qué no releer el Panegírico a la paciencia escrito por Luis de Sandoval y Zapata, en Nueva España en 1647. Es la única obra en prosa que, según sus estudiosos, pudo imprimir este relevante poeta. Parece que es el único texto "filosófico" publicado por un criollo que hacía gala de su condición de "lego cortesano" en una época donde el escritor se hallaba vinculado formalmente a la Iglesia o, al menos, algún tipo de academia. Sandoval y Zapata es, seguramente, el único caso de escritor "independiente" en la segunda centuria novohispana. Este elogio a la paciencia, aparte de estar muy bien escrito, casi parece prosa poética (Gabriel Zaid, después de que Samuel Beckett tradujera seis sonetos de Sandoval al inglés, logro extraer 205 endecasílabos de este bello texto filosófico), es no sólo un elogio de la cruz (una "ciencia de la cruz" dirá la filósofa Edith Stein en el siglo XX), sino una auténtica reflexión, una filosofía hispánica, sobre la paciencia como acción.

El propio gabriel Zaid ha justificado con finura filosófica, precipitado final del estoicismo mexicano, ese tránsito del elogio de las penas de esta vida para ser redimidos en la otra por una sabiduría de la paciencia: "La cuestión central" es que aquí el cielo se gana "con una actividad insólita: la paciencia. El talento recibido (las penas) produce como usufructo otro talento (las glorias del cielo) (…). El mal resulta un bien y la paciencia actividad". En fin, persistamos con paciencia en hacer de la necesidad, cómo no, virtud. Paciencia y disfrutemos de la lectura de un libro del siglo XVII más vigente hoy que en su tiempo: "¡O penas más allá de las orillas humanas! ¡Vivid, celestiales esferas! ¡No os empleéis sino en los héroes de la virtud, que el talento de vuestras glorias sólo le merece quien le logra con actividad de pacientes, para los usufructos de lo divino".

Madrid, 12 y 13 de julio de 2020.

Razones del corazón

El panegírico de la paciencia me ha dado alas para leer la cartita de los 150 escritores, artistas e intelectuales useños contra los métodos censores e inquisidores impuestos por la "izquierda" de su país, que ellos mismos, dicho sea de paso, habrían estado apoyando hasta hace un rato. ¡Las ideas, ay, siempre tienen consecuencias! Es obvio que la frivolidad, que no debe confundirse con la paciencia, de esos "izquierdistas" de salón con los suyos, con los principales agentes políticos de sus "ideas", ha tocado fondo. Sus ojos cansados no han soportado ver tanto salvajismo y violencia por USA. Su frivolidad ha sido vencida por el talibanismo destructor de estatuas y símbolos civilizadores. La contemplación de la barbarie, del fuerte trueno, que ha seguido a sus relámpagos idealistas, los ha despertado de su "sueño dogmático".

Han querido, en fin, esconderse de su propia frivolidad y han suscrito una cartita de denuncia. Algo es algo. Aunque llegan tarde y embotados de "idealismo", este grupo de escritores ha conseguido denunciar que "los editores son despedidos por publicar piezas controvertidas, los libros son retirados por supuesta falta de autenticidad, se prohíbe a los periodistas escribir de ciertos temas, los profesores son investigados por citar trabajos de literatura en clase, un investigador es despedido por divulgar estudios académicos revisados, y los jefes de las organizaciones son cesados por lo que a veces solo son errores torpes".

La cartita de los 150 es relevante, cómo no lo va a ser, porque refleja la derrota de la frivolidad de unos intelectuales que pensaron antes en ello que en su nación; pero queda en poco, quizá en nada, si se compara con el discurso dado por Trump para conmemorar la independencia de USA:

"Nuestra nación está siendo testigo de una campaña despiadada para borrar nuestra historia, difamar a nuestros héroes, borrar nuestros valores y adoctrinar a nuestros hijos. Esta revolución cultural de izquierda está diseñada para derrocar a la Revolución Americana. Al hacerlo, destruirían la misma civilización que rescató a miles de millones de la pobreza, la enfermedad, la violencia y el hambre, y que llevó a la humanidad a nuevas alturas de logros, descubrimientos y progreso.

Para hacer esto posible, están decididos a derribar cada estatua, símbolo y memoria de nuestro patrimonio nacional.

El caos violento que hemos visto en las calles de las ciudades dirigidas por demócratas liberales, en todos los casos, es el resultado predecible de años de adoctrinamiento extremo y prejuicios en la educación, el periodismo y otras instituciones culturales.

Contra todas las leyes de la sociedad y la naturaleza, a nuestros hijos se les enseña en la escuela a odiar a su propio país y a creer que los hombres y mujeres que lo construyeron no fueron héroes, sino villanos.

La visión radical de la historia estadounidense es una red de mentiras: se eliminan todas las perspectivas, se oscurecen todas las virtudes, se retuerce cada motivo, se distorsiona cada hecho y cada defecto se magnifica hasta que se purga la historia y se desfigura el registro más allá de todo reconocimiento".

¡Bravo por Trump! Y me quedo corto. Siento, sí, envidia de los ciudadanos useños, porque aún tienen un Presidente que defiende su nación. ¡Sobran comparaciones con el presidente del Gobierno España! También sobran comparaciones de los 150 escritores useños con los intelectuales españoles; aquí las razones del corazón, que nada tienen que ver con la inconsciencia, sino con esa parte del pensamiento que ha comenzado a ser emoción, me impiden no sólo comparar, sino que fomentan mi desprecio a quienes aún no saben que ellos no son sin España. En fin, envidio a los useños, porque tienen políticos de envergadura e intelectuales autocríticos.

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