Escarmiento y educación

Agapito Maestre

Ha pasado tanto tiempo desde las elecciones que nadie con un poco de inteligencia puede creerse las imbecilidades de nuestros políticos. El desastre es total a la hora de conformar Gobiernos nacionales, regionales y locales. Pero no echemos la culpa a nadie. España da lo que da. Empecemos, pues, por lo más sencillo y elemental. Reconozcamos lo obvio: la gente se engaña ante la realidad. Todos sospechamos que apenas sabemos nada de lo que está pasando tanto en la vida pública como en la privada, en la sociedad como en las profundidades del alma más solitaria, pero tratamos de ocultar nuestra impericia con fórmulas falsas y fantasmagóricas sobre cómo podemos hacer frente a este lío de la vida.

Nos cuesta reconocer que la vida política, como la vida en general, es antes que nada un caos del que no sabemos cómo salir. Sí, nos sentimos perdidos, pero a la vez nos inventamos ideas, sin preguntarnos sobre su verdad o falsedad, para orientarnos en la realidad. El lenguaje de tabernáculo sobresale en estas situaciones por todas partes, especialmente en los medios de comunicación y en las conversaciones privadas, y apenas hay nadie que no tenga una fórmula para resolver este monumental desorden que es una España desgobernada. Naturalmente, no todos perciben el desgobierno y su carencia de criterio para remediarlo del mismo modo y, lo que es peor, hay algunos que ni siquiera admiten que están fuera de juego. Perdidos.

Esos últimos, quienes creen tener la mejor respuesta sin haberse hecho conscientes de sus debilidades, egolatría y narcisismo, son los peores, porque ya jamás se enfrentarán de verdad con la contradictoria realidad. Estos tipos políticos son los peores, porque no reconocen lo evidente: también ellos están perdidos. La casta política en su conjunto está perdida. No todos "palmarán", como cree Rufián, sino que ya han palmao. Está cogiendo cotufas en el golfo con Sancho Panza. Se presentan con tal facundia y soberbia intelectual ante los ciudadanos que empiezan a provocar asco, porque esto, España, es un caos, pero nuestros políticos están ausentes y no quieren reconocerlo.

Por fortuna, la actitud displicente, la chulería de nuestros líderes políticos, para impedir conformar Gobiernos tiene una solución, no es fácil ni tampoco creo que sea la única, pero algo es algo: cambiemos el procedimiento electoral, o mejor, la ley electoral, porque con la actual la tragedia no será un futuro sino un presente continuo. O nos enteramos de este asunto, es decir, escarmentamos, o seremos siempre seres ineducados.

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