Entre la democracia y la revolución

Agapito Maestre

El Gobierno está en crisis. El origen de la actual quiebra es múltiple. Dos saltan a la vista. Las dificultades para llevar a cabo la reforma laboral es sólo una parte del problema; la otra, sin duda alguna, es la propia crisis interna de Podemos. Creo que la segunda tiene más enjundia que la primera. No será fácil poner de acuerdo a los socios del gobierno, ni a estos con los sindicatos y la patronal; tampoco las autoridades de la Unión Europea están dispuestas a aceptar un cambalache, un falso consenso, entre la patronal, los sindicatos y el gobierno, para hacer la vista gorda y permitir que llegue a España el dinero de Bruselas "a fondo perdido". Cabe pensar que Sánchez persuada o "engañe" a todos y resuelva la cosa, como casi siempre, sin resolver nada y creando más problemas. Puede inventarse, en efecto, mil triquiñuelas para sacar adelante una apariencia de "reforma" laboral para seguir en el poder.

Sin embargo, me cuesta pensar que Sánchez pueda meter en vereda a Podemos o, lo que es lo mismo, resolver las múltiples contradicciones del ideario revolucionario de una fuerza política a la deriva. Sí, la crisis interna de Podemos afecta grave y directamente a la coalición gubernamental. Sánchez podrá estirar su gobierno durante dos años más, pero quizá esté firmando su sentencia de muerte y la de su partido. Y, además, esta crisis podría ser el principio del fin de la democracia española. Esperemos sin embargo que la sangre no llegue al río. Me explico. Levantar acta de la degradación del sistema político está al alcance de cualquiera con mediana inteligencia, incluso los periodistas más fanatizados por el gobierno de Sánchez serían capaces de señalar y criticar a uno de los actores clave del proceso de decadencia de la política española: el político, o mejor, los políticos que han ideado un gobierno Frankenstein de carácter frente-populista que rompe las bases de la democracia pluralista. ¿Será Sánchez capaz de salir de ese embrollo? ¿Es creíble su giro hacia la socialdemocracia? Lo dudo, pero es por desgracia el único que podría sacarnos de esta ciénaga.

Pocos analistas, periodistas y estudiosos de la democracia española dejarán de reconocer que este Gobierno es el culpable principal de las quiebras del espacio público político, aunque tampoco se libran de sus responsabilidades en este deterioro institucional otros actores políticos. El asunto trasciende al propio Gobierno de España. La carencia de paciencia, orden, gusto, método y tiempo, virtudes y circunstancias necesarias para ser un buen dirigente, es el denominador de la llamada "casta" política. Hay entre ellos, sin embargo, algunas diferencias, porque no todos son equiparables en falta de orden y método; más aún, por un lado, están los que quieren acabar con todo tipo de orden y método, o sea demoler el sistema democrático, y por otro los que aún les queda paciencia, gusto y tiempo para salvar y mantener las instituciones democráticas. Sánchez ha jugado hasta ahora en los dos bandos. Ha estado sentado durante mucho tiempo entre dos sillas. Es innegable que ha sacado partido de esa actitud. Pero sospecho que ese juego está ya ha agotado: o juega a la política, a la democracia, o apuesta definitivamente por la violencia y el enviciamiento de todas las instituciones, o sea la revolución.

Persistir en la deslegitimación de la oposición como alternativa de gobierno y, a la vez, empeñarse en controlar hasta el último suspiro de la justicia es jugar con fuego. Ya no se trata de riesgos morales, intelectuales y electorales, sino de optar definitivamente por la vía de la política o de la revolución. El gobierno Frankenstein ha dado, pues, todo lo que tenía que dar de sí. Sánchez intentará prolongarlo todo lo que pueda, pero, cuidado, estirarlo más de la cuenta es seguir perdiendo votos y, lo que es peor, llevando al país a la ruina económica y el desbarajuste absoluto de lo poco que nos queda de democracia. A Sánchez le queda, por fortuna, otra alternativa: o democracia, o sea elecciones anticipadas, o revolución, es decir, más Podemos, demolición de la monarquía, persecución de la oposición y control de la Justicia. Esperemos que opte por la primera. Aunque a muy corto plazo seguirá jugando a la revolución podemita, tiene unos meses para corregirse. En otras palabras: ¿cuánto aguantará la coalición gubernamental si Yolanda Díaz sigue creciendo en las encuestas de opinión? En fin, se palpa por todas partes la quiebra de este Gobierno, mientras que el mensaje de Sánchez sobre su giro socialdemócrata no cala en nadie. Sánchez está al borde del abismo. Quizá se salve, pero seguirá siendo el primer responsable del envilecimiento de las instituciones políticas como ámbitos de resolución de conflictos y problemas.

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