¡Elecciones ya!

Agapito Maestre

Sería fácil decir que pronto habrá elecciones generales. El Gobierno está desgastado social, política y económicamente. Pero no estamos ante un Gobierno normal; si lo fuera, hubiera bastado la última gran manifestación en Madrid con más de 400.000 personas en la calle para que ya hubiera planteado una salida electoral. Al contrario, Sánchez trata de ocultar sus desmanes y comete otros peores. Entrega el Sáhara a Marruecos y escupe en la cara a Argelia. De un gobierno sin cabeza puede esperarse cualquier cosa. Todos los días hallaremos algo peor y, sin embargo, las elecciones siempre aparecen muy lejanas; a veces, dudo que alguna vez las convoque; imagino que llegarán, pero será demasiado tarde. El país estará en almoneda.

Nadie espere que esta última etapa del socialismo acabe en paz y armonía. Esta gente jamás gestiona bien, pero son maestros en mantenerse el poder. En cualquier momento la violencia hará acto de presencia y los socialistas, nadie lo olvide, son maestros en su manejo. Repasemos algunas cositas para saber dónde estamos. Vivimos en una situación de anormalidad democrática. Viene de lejos. Por la misma época en que los nacionalistas vascos, o sea ETA y esa gentuza, dejarán de asesinar a los españoles, vinieron los atentados de Atocha. Llegó Zapatero. Éste logró conducir el encanallamiento de nuestra sociedad hasta niveles desconocidos en la época de Felipe González. Rajoy fue incapaz de normalizar y meter en cintura los instintos autoritarios de la etapa anterior. Y Sánchez llegó de manera convulsa y extraña al Gobierno de la nación, pero con un objetivo claro: mantenerse en el poder a costa de la democracia. Y en esas estamos.

¿Qué es el sanchismo? Una mezcla de socialismo autoritario, comunismo de todo a cien y con Maduro el venezolano, proetarras vascos y separatismo catalán. Terrible. Sin embargo, el Gobierno de Sánchez ha triunfado en su objetivo ideológico, a saber, hacer pasar por normal algo que es absolutamente anormal. A esa anormalidad algunos la llaman radicalidad, extremosidad y otras cosas así, pero el radicalismo y el extremismo de Sánchez son formas derivadas de su esencia socialista: el autoritarismo. El PSOE heredó del franquismo todo su fondo autoritario. Dictatorial. Y ahora asistimos, simplemente, a la última etapa del socialismo español. Durará todavía. Y, ojo, se llevará a mucha gente por delante. Siguen controlando los resortes de la justicia y los medios de comunicación. Lo controlan casi todo. A esas siglas de Sánchez le bastan cuatro palabras, por ejemplo, franquismo, pandemia, guerra y ultraderecha para seguir amarrados al poder.

El sanchismo, montado sobre la figura autoritaria de Sánchez, todavía hará mucho daño. Así que nadie de la derecha cante victoria antes de tiempo. Los medios de la derecha dicen, sin demasiado criterio, que la radicalidad sanchista será su tumba. ¡Demasiado optimistas! ¿Cuáles son las grandes novedades del sanchismo respecto al zapaterismo y el felipismo? Su alianza con separatistas, proetrarras y comunistas. No es poco. Pero no es suficiente. En verdad, el fondo autoritario y antidemocrático del PSOE sigue siendo el hilo subterráneo que mantiene unido al sanchismo con el zapaterismo y el felipismo. A eso, ellos le llaman "democracia" y yo, naturalmente, la adjetivo con "orgánica". Pues eso, la democracia orgánica afianzada por el sanchismo puede todavía mantenerlo en el poder un tiempo.

A continuación