El discurso de Zelenski

Agapito Maestre

La unidad de Occidente contra Rusia es cada día más fuerte. La UE es inequívoca en su apoyo a Ucrania. EEUU sigue firme contra Rusia y el Reino Unido es todo un ejemplo de lucha contra Putin. Hasta Suiza se ha unido a Occidente. Putin empieza a sentir el significado de la palabra aislamiento. El antiguo espía de la KGB no esperaba esta reacción a su ataque criminal a Ucrania. Está desesperado, enloquecido, y amenaza al mundo con una guerra nuclear. Tomemos en serio la amenaza. Pero, antes de nada, aprendamos de la resistencia de Ucrania. ¡Está dando al mundo una lección de valentía y liberalidad! Ucrania resiste. Putin arrasa Ucrania. Sigue el manual del criminal Stalin contra este pueblo. Miles de personas están siendo asesinadas. El Ejército ruso destruye todo lo que se le pone por delante como bestia sedienta de sangre. Pero Ucrania aguanta. Más de 100.000 ucranianos esperan recibir armamento para defender su soberanía e independencia.

Ucrania sigue viva. Está ganando la batalla de la defensa de la libertad. Su aliento es, hoy por hoy, el principal estímulo moral de las decadentes democracias occidentales. El discurso de Zelinski, el grandioso presidente de Ucrania, en el Parlamento Europeo removió las bases morales de esta institución. Su discurso se ha convertido en el fundamento clave para renovar nuestro compromiso con la libertad. Las insuficiencias y deficiencias de nuestras democracias fueron puestas de manifiesto por el discurso de la presidenta del propio Parlamento, quien exhortó a todos los países miembros de la Unión a cambiar ya la política energética, aumentar considerablemente nuestro gasto en defensa, luchar contra los oligarcas rusos y defender la libertad, especialmente a través de la educación democrática, contra la propaganda totalitaria de Putin. Eso es más que una declaración de intenciones. Ahí está contenido un nuevo y alentador programa político que sin Ucrania no se hubiera planteado.

Zelenski, sí, intervino en el Parlamento de la UE para pedir auxilio, pero, en verdad, los auxiliados fuimos todos los europeos. ¡Cómo contener las lágrimas ante las palabras de Zelenski! Millones de seres humanos, como el traductor del discurso, lloraron al escuchar al presidente de Ucrania. Y es que su plática es nuestra tabla de salvación: la libertad, o mejor, el deseo de libertad es el mayor bien del ser humano. Rescatada de la fatalidad, del destino terrible de la guerra, la libertad es genuina esperanza. Cuando hablaba Zelenski, percibíamos al instante el sentido de la idea de libertad. Millones de siervos voluntarios, esclavos de la seguridad hedonista, no quieren oír hablar de lo que esa palabra lleva adentro, menos aún de los riesgos existenciales que conlleva. Prefieren vivir cabeza con cabeza antes que vivir el riesgo de la libertad. Claro que llorábamos por Ucrania y por nuestras miserias por no haberla defendido antes y con más convicción. Llorábamos por nuestros errores.

Pero esta vez, por fortuna, en vez de regodearnos en el fracaso, lo reconocimos para convertirlo en una nueva verdad. Sí, todos repetimos, como si tratara de una nueva luz que se enciende en la conciencia de todo demócrata, la libertad se conquista y se defiende hasta con la vida. Es el precio de la libertad. El discurso de Zelenski nos hace libres y así lo entendió el Parlamento Europeo que respondió con honor y eficacia a la petición de Ucrania de formar parte de la UE. El espíritu de libertad de los ucranianos se instaló en la sede de la soberanía de los pueblos libres de Europa. Nunca en el Parlamento Europeo se había visto una votación del 90% a favor de tramitar el ingreso de Ucrania en la UE. Tampoco se había alcanzado nunca tanta unanimidad parlamentaria para condenar al dictador Putin. También los discursos de apoyo a Ucrania fueron unánimes. Y, sobre todo, quedó descalificado intelectual y moralmente cualquier tipo de ideología o paparruchada que apele a la neutralidad ante la invasión rusa de Ucrania.

El pacifismo barato, ese que provoca y mata en nombre de la paz, quedó descalificado para siempre. La renuncia a la guerra, esa que balbucean los partidos occidentales que apoyan a Putin, no sólo no suprime los conflictos sino que es el arma más terrible para asesinar la libertad y la democracia. Como nos enseñó Ortega, en 1938 el pacifismo, la voluntad de paz, reducido a buenas intenciones, causa grandes daños a la causa de la paz mientras no nos den nuevos medios para resolver esos conflictos. En nombre de la paz se cometen los mayores asesinatos; decir, por ejemplo, que "la paz es el derecho como forma de trato entre los pueblos" es tanto como ocultar la realidad. Es falso que exista tal derecho. No existe ni en la teoría tal derecho de los pueblos, pero en nombre de tal derecho se pretende que desaparezcan las guerras… Esto es una frivolidad. Una inmoralidad. Por fortuna, esa inmoralidad pacifista que coadyuvó en los años treinta a la Segunda Guerra Mundial parece hoy, en 2022, derrotada. Sólo los criminales del estilo Putin defienden el ¡No a la guerra!

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