El copón bendito

Agapito Maestre

Mi amigo Antonio Escudero, filósofo de la estirpe judía, ha soñado con el Santo Grial, o sea, con el Copón Bendito. Los sabios cristianos no sueñan con cualquier cosa, y menos aún se entretienen con asuntos banales, sino que persisten, incluso en sueños, con la búsqueda del símbolo de la soberanía y la perfección, el Divino Cáliz. También yo, después de leer su bellísimo texto donde cuenta su visión, me quedé traspuesto a la hora de la siesta. Mi sueño fue breve y prosaico. Porque es obvio que carezco de las cualidades de mi amigo Antonio de la Serena, a saber, profunda vida espiritual y una infinita capacidad de transformación de la mente y el corazón para ir a la búsqueda del Santo Grial, mi sueño fue más alevoso y tosco. Trataba de política. Vi de repente, otra vez, el golpe de Estado en las urnas que le han dado a Trump. Entonces apareció entre una nube de polvo negro el hombre de los ojos achinados. Y de fondo se oía la última frase del discurso de despedida de la Casa Blanca de Trump, por cierto que era la misma expresión que yo les regalé en forma de discos dedicados a mis amigos Dieter, Gabriel y José Luis, en la Navidad de 2020, durante la charla semanal que mantenemos en esRadio.

Aunque la traducción del inglés al español de esa cita es relativamente sencilla, prefiero escribirla en el original: The best is yet to come. Dicha con la prosodia y la voz aterciopelada del gran Sinatra parece cosa de ángeles. Lo mejor está por venir. Mientras soñaba plácidamente a la hora de la siesta, seguía sonando la bella canción de Sinatra: the best is yet to come. No pude dejar de imaginar el futuro del nuevo inquilino de la Casa Blanca. Será capaz el mandamás de los ojos achinados, y padre de uno de los negociantes (hombre de negocios) más importantes de EEUU con los gerifaltes del Partido Comunista Chino, hacer realidad el eslogan: Make America Great Again. Ojalá lo consiga porque eso significará que las sociedades libres y abiertas, las sociedades amigas de los EEUU, aún tienen alguna esperanza de no ser destruidas por la entente formada por los nuevos capitalistas chinos, o sea, de la China comunista y los capitalistas amigos del hombre de los ojos achinados.

Durante el sueño de mi siesta no dudaba de que lo mejor llegará para los amigos americanos, si y solo si el hombre de los ojos achinados consigue mantener la política de pleno empleo del timado Trump. Tampoco cuestioné en mi sueño que lo mejor le será dado a EEUU si la nueva Administración sigue el ejemplo de la pasada, o sea, no entrar en ninguna guerra. Lo mejor, sí, llegará a EEUU si el hombre de los ojos achinados continúa la labor de Trump sobre la pacificación de relaciones entre Israel y los países árabes. Menos todavía dudé de que a EEUU le llegará lo mejor, si la OMS sigue los criterios de la Administración de Trump para investigar el origen de la pandemia del coronavirus: 1) hablen los investigadores del Instituto de Virología de Wuhan que enfermaron en el otoño de 2019; 2) hablen quienes investigaban en la manipulación del coronavirus en los animales del Instituto de Virología de Wuhan, o sea, cómo ha pasado el terrible virus del animal al hombre; 3) investiguen la relación del citado instituto de Wuhan con el Ejército chino.

La canción de Sinatra terminó. Me desperté sobresaltado y vi en la televisión al hombre de los ojos achinados. Era real. Nada de sueño. El achinado presidente esgrimía un tópico sobre la democracia. Dios nos pille confesados. Me temo lo peor. Los pobres seremos más pobres y los ricos mucho más ricos. La cosa de las clases medias y las sociedades abiertas corre un serio peligro. Así las cosas, encomendemos nuestras súplicas a don Antonio de Quintana, el sabio del Santo Grial, para alcanzar la plenitud interior, porque la exterior ya está en manos del hombre de los ojos achinados.

A continuación