El arte de vivir

Agapito Maestre

Todavía vivimos en democracia. Por suerte, nuestra sociedad sigue siendo conflictiva y llena de problemas. Pero nadie en su sano juicio puede dejar de reconocer que la situación política es dramática. La izquierda pisotea la nación y la derecha no sabe qué hacer porque se olvidó de pensar. El país muere lentamente, mientras nadie quiere reconocer que vivimos instalados sobre dos grandes mentiras: la tradición está casi muerta y los proyectos de futuro son inexistentes. Mas es nuestro deber seguir indagando, resistiendo, allí donde percibamos un rayo de esperanza. Reconozcamos que hay mucho talento artístico, intelectual y, a veces, político en nuestro país; quizá no sea tan relevante su aportación como algunos creen, pero existen señales inequívocas para mantener que esto no está perdido. A pesar de que el espacio público político está embarrado y sucio, tenemos ciento de referencias para vivir con cierta dignidad. Una es la impresionante capacidad de trabajo de los españoles de bien. Ahí tienen el ejemplo de Amancio Ortega, el de Zara, y otros millones de Amancios… No citaré más nombres, porque todos los que han conseguido sacudirse el pelo de la dehesa, o sea el fanatismo, detectan bien la excelencia y dan puerta con estilo a la mediocridad. No hagamos listados de grandes personajes, sino aprendamos de los que hallemos en nuestro camino; hoy, aquí en LD, he tenido la inmensa fortuna de encontrarme con uno de ellos, Fernando Savater, entrevistado por Luis H. Goldáraz, y he creído haber comprendido su gran aportación al pensamiento español: sinceridad, buenas intenciones y fidelidad a nuestro particular punto de vista. A eso le llamó el gran maestro, Ortega y Gasset, el principio del amor intelectual. Gracias, amigo, por enseñarnos a actualizar esa locura de amor o afán de comprensión. Filosofía.

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