El absurdo contra la propaganda

Agapito Maestre

Ojalá que de la sesión del Congreso de los Diputados de este miércoles solo quede el absurdo. Sería una señal de que puede salirse de la desesperación abismática a la que nos ha llevado un Gobierno intelectualmente ignaro y, desde el punto de vista moral, obstinadamente malo. Este miércoles, en el Congreso de los Diputados la sensibilidad absurda se enfrentó a cara descubierta al mal objetivo. La absurda propuesta de Vox pretende acabar con un Gobierno dañino. El anuncio de moción de censura nos sitúa ante un auténtico problema filosófico: el suicidio. En este caso se trata del suicidio de un partido, más aún, también se estaría jugando el suicidio de la idea de alternancia en el poder. El asunto es dramático, casi trágico, pero digno de pensarse. De vivirse.

Si un partido, como si se tratara de un filósofo, para ser estimable debe predicar con el ejemplo, como nos enseñó Nietzsche, entonces no cabe duda de que Vox se la está jugando. Cuidado, pues, con los exabruptos y malas metáforas que descalifican a Vox porque estaría favoreciendo supuestamente los intereses de Sánchez y cuestionaría la entera política de Casado. Creo que esos exabruptos son, aparte de ridículos, torpes, porque el primero que se la juega con la moción de censura es el partido de Abascal. Por aquí, pues, todos mis respetos a alguien que arriesga.

Hace un par de meses un diputado de Vox, que prepara no sé qué proyecto, o norma, sin rango de ley para que no persigan en la Universidad a los pocos profesores libres que quedamos, me preguntó mi opinión sobre una moción de censura contra Sánchez. Mi respuesta fue inmediata. No saldría y, lo que es peor, quizá terminaría favoreciendo al Gobierno. Eso ya lo sabemos, me contestó, pero montaremos un lío. Pues eso, sí, ya lo han conseguido. ¿Fracasará la moción de censura en septiembre? Sí, por eso es absurda. Pero, de momento, la faramalla propagandística de Sánchez ha quedado sepultada por el anuncio de Vox; por desgracia, también se olvidará muy pronto la crítica de Casado a los autoelogios de Sánchez.

El aviso de Vox para septiembre ha ocultado, seguramente, el mejor discurso del líder del PP en el Parlamento. No leyó una sola línea. Ridiculizó con ironía el autobombo de Sánchez. Clarificó los acuerdos de Bruselas y limitó los efectos benéficos que pueden tener para España. Denunció la alta fiscalidad que trata de imponer el Gobierno. Y pasó revista a la terrible situación económica de España, que, comparativamente al resto de los países europeos, ocupa el último lugar, con el terrible panorama de un desempleo angustioso que todo lo oscurece. Dio un dato que haría temblar al más pintado: 137.000 empresas han cerrado ya en España, mientras la EPA hace públicas unas cifras sobre el paro que son para no dormir. Estremece la la situación de España.

Casado estuvo muy bien, pero por desgracia le faltó algo… Algo que haga creer a los españoles que puede liderar un gran proyecto contra quien trata de asentarse en el poder gestionando la miseria. Sí, sí, echamos en falta algo parecido a la propuesta de moción de censura de Vox, que es absurda, se mire desde donde se mire, pero será determinante de la política española. De esa absurdidad, que protege y ampara la Constitución, dependerá que este país termine por hundirse en el abismo o, por el contrario, inicie un camino de recuperación de su propia dignidad. No me cansaré de decir que es absurda la moción de censura, pero, nadie lo ponga en duda, más necesaria que nunca. En todo caso, nadie debería perversamente mantener que la moción solo sirve para consolidar a Sánchez. Eso no es un discurso fundado sino mala fe. Es la mala fe que cultiva con delectación un periodismo tan vacío como villanamente progre. Periodismo de frases hechas.

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