El abismo ruso

Agapito Maestre

¿Qué hay detrás de la Rusia de Putin? Nada que cuestione la base de la propaganda y el terror del viejo comunismo de la URSS: la mentira. Yeltsin atisbó la manera de sacar a Rusia de su atraso moral, económico y social responsabilizando a la mentira del entero sistema comunista de la catástrofe. El breve período de Yeltsin enseñó a los rusos que la verdad, enfrentarse a la verdad de los hechos, era la única vía para entrar en la democracia. Duró poco el hallazgo. Fracasó eligiendo a su sucesor, Putin, quien a los pocos años de acceder al poder regresó al fundamento del comunismo: la mentira totalitaria. Quizá sea la más desarrollada de la historia de la humanidad. Negar y negar los hechos es su principal trabajo. La ideología de Putin no tiene otro poderío que la mentira sistemática y total. He ahí un sencillo ejemplo de mentira totalitaria: Rusia está en guerra con Ucrania, según vemos millones de seres humanos, pero su ministro de Exteriores lo niega; y, lo que es peor, reprime, encarcela y mata a quien ose decir que miente.

El principal objetivo de la mentira totalitaria sigue siendo impedir a la población recibir informaciones del exterior y, obviamente, imposibilitar al mundo exterior que conozca la verdad sobre la vida extraordinariamente difícil de la población rusa. La mentira no es una herramienta del sistema sino una componente orgánica del totalitarismo de Putin. Porque el régimen de Putin no podría sobrevivir sin la mentira, que tanto creen sus siervos voluntarios en España, es menester resaltar las verdades de Volodímir Zelenski, el presidente ucraniano, cuando ha reconocido ante los jerarcas de la OTAN: "Nos hemos dado cuenta de que Ucrania no será miembro de la OTAN". "Somos gente razonable y hemos entendido que hemos de defendernos solos". Eso no es un paso atrás, según han interpretado algunos listos, sino el reconocimiento de un hecho a la vista de todos. He ahí el arma más poderosa contra Putin: la verdad. Toda una lección de Zelenski al mundo occidental: la verdad nos hace libres. Sin verdad no hay libertad. La democracia entra en barrena, o peor, se suicida, cuando se deja invadir por la mentira. ¿O acaso no es una terrible mentira, como se ha lamentado este gran hombre, dejarse hipnotizar, como parece estar la OTAN, por la agresión rusa al negarse a crear una zona de exclusión aérea sobre Ucrania?

En fin, invadamos de verdad al régimen totalitario de Putin. Levantemos acta de las enseñanzas de Ucrania al mundo occidental: la verdad debe seguir siendo la base de la democracia. De la libertad. Ucrania ha mostrado al mundo que Rusia, el país de la represión sin límite y el hambre, es también el del engaño y la mentira orgánica. La propaganda neosoviética de Putin tiene al país en un puño. Pero los hechos son los hechos: los productos de primera necesidad escasean en Rusia. Ayer no se podía comprar azúcar, sal y papel higiénico en Vorónezh. Los supermercados están desabastecidos. Este país está al borde de la quiebra. Quien se asome a su presente observará con espanto y horror los abismos del odio. Putin se odia a sí mismo tanto como al resto del mundo civilizado. ¡Pero está ganando la guerra!

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