Discurso de Estado o palabrería de Sánchez

Agapito Maestre

Contrasta la figura de Isabel Díaz Ayuso con la de Pedro Sánchez. Mientras la primera está en su sitio, el segundo ha olvidado cuál es la primera obligación de un Presidente del Ejecutivo en la amplia remodelación de su gobierno. Me explico. Acertada, oportuna y contundente ha estado la señora Díaz Ayuso en su visita a La Moncloa. Le ha dicho a Sánchez en privado y en público cuál es peligro principal de España. Ha marcado una nueva agenda política. Ha estado en su sitio. Porque es la primera representante del Estado en Madrid, sin duda alguna, tiene la obligación de hacer un discurso de Estado. ¡Sólo faltaba que viniera cualquier aventurero del gobierno o sus aledaños a decirle a un alto cargo político e institucional sobre qué debe o no debe hablar! Nadie en su sano juicio político puede aceptar que el adversario nos imponga su particular agenda política. La inteligencia política reside en crearla para toda la nación. Esta es, en efecto, la mayor creación de la señora Díaz Ayuso: "Sánchez o España".

He ahí contenido en tres palabras un discurso de Estado. Justificado limpia y brillantemente por una representante del Estado. Por encima de su partido, Díaz Ayuso es la presidenta de todos los madrileños. Por lo tanto, bien hecho está su discurso y en el sitio exacto. Carecen, pues, de escaso razonamiento y menos juicio quienes censuran que la Presidenta de la Comunidad de Madrid no estuvo en su lugar. Al contrario, defendió al Estado-Nación, España, ante quien no deja de fracturar la Nación desde que llegó al poder sin apenas legitimidad, entre otras razones, porque siempre hace lo contrario de lo que promete o propone. Sánchez siempre mantuvo que jamás gobernaría con los comunistas y los separatistas.

La cuestión clave no es, pues, si Díaz Ayuso ocupó un lugar que no le correspondía para hacer un discurso de Estado, sino si es o no acertado. Y en eso, por fortuna, la mayoría de los españoles son categóricos: el diagnóstico de la Presidenta de la Comunidad de Madrid para atajar los males del Estado está hecho con precisión. Es un discurso de sentido común, propio de cualquier ciudadano de bien, dicho en cualquier tabernáculo de España. Díaz Ayuso ha conseguido una argumentación seria y contundente de defensa del Estado-Nación. Ha diagnosticado con solvencia intelectual la situación dramática de España en general, y de la Comunidad de Madrid en particular. Ha señalado sin ningún tipo de tacticismo particularista, es decir, al margen de cualquier forma de partidismo, cuál es el principal problema de la Nación, a saber, el Presidente de Gobierno, Pedro Sánchez-Castejón, depende en todas sus decisiones de las minorías nacionalistas, separatistas y rupturistas de la nación española.

Isabel Díaz Ayuso, además de inteligencia, tiene legitimidad para defender el Estado ante el jefe de un Ejecutivo que sólo gobierna para contentar a los partidos golpistas, separatistas y ex-terroristas. Recordemos algunas fuentes relevantes de esa legitimidad moral y política para llevar a cabo un discurso de Estado que, sin duda alguna, ha puesto en evidencia al gobierno y sus aliados a la par que nos ofrece algunas vías de salvación. La legitimidad de origen de la señora Díaz está a la vista: ganó las elecciones en 2019, frente a todos los aparatos ideológicos del Estado que utilizaron contra ella el Ejecutivo de Sánchez y sus terminales mediáticas, y conformó un gobierno de coalición; después, cuando alguien de su mesogobierno lo puso en cuestión, recurrió a la ciudadanía y le dio a todos los madrileños la oportunidad de volver a votar. Y, otra vez, ganó las elecciones y, sobre todo, venció con tal contundencia que hizo abandonar la política al antiguo vicepresidente del gobierno de Sánchez, un comunista de Podemos, y desapareció C´s del mapa político de la Comunidad de Madrid. Consiguió no sólo revalidar los resultados anteriores sino aumentarlos con creces. Ahora, después del 4 de mayo, ha bastado el apoyo de VOX para conformar un sólido gobierno.

¿Tendría valor e inteligencia política Sánchez para imitar el comportamiento de la señora Díaz Ayuso? Es obvia la respuesta. Tan obvia que Sánchez ha preferido, antes de someterse a una cuestión de confianza en el Parlamento o adelantar las elecciones, hacer una crisis de gobierno sin ton ni son, carente de cualquier lógica democrática. En los últimos cuarenta años, se dice pronto, es la primera vez que se hace una crisis de gobierno sin dar un solo razonamiento sobre cuáles son los motivos de la misma. Sánchez está fuera de lugar. No está en su sitio. No representa a todos los españoles. No sólo desconoce los usos democráticos más elementales sino que elimina los existentes. No ha dado ninguna justificación de por qué ha llevado a cabo esta amplia remodelación del gobierno, o peor, ha dicho algo realmente ridículo e inverosímil "quería un gobierno más joven y más feminista". También el anterior era muy joven y muy feminista.

La carencia absoluta de explicaciones sobre la remodelación del Gobierno sitúa a Sánchez en ese espacio de opacidad y autoritarismo que tan bien conocen los dictadores. Penoso. Nuestra "democracia" es muy imperfecta, se da la mano con las "democraduras" de nuestro tiempo, pero en poder de este aventurero político, incapaz de dar un argumento convincente, roza la dictadura. Lejos de mí poner en cuestión la facultad constitucional de Sánchez de nombrar y despedir a los ministros que quiera para formar un gobierno, sólo pongo en evidencia que nadie sin discurso, sin explicación, en fin, sin dar razón del cambio de gobierno puede adquirir legitimidad política. Mientras que el discurso, la explicación y la justificación de Díaz Ayuso está al alcance de cualquier mortal, la palabrería oscura de Sánchez es ininteligible. Nadie entiende por qué ha hecho esta crisis de gobierno salvo para salvar su poder y el de la gente de Podemos y los secesionistas.

Aunque me temo lo peor, esperemos que Sánchez convoque una sesión parlamentaria para informar de esta crisis de gobierno y ojalá consiga dar alguna explicación coherente sobre esta remodelación de su Gabinete. En cualquier caso, una cosa es clara, Sánchez ha renunciado a una parte de sus facultades como Presidente de Gobierno al no tocar a los ministros de sus socios de coalición. Sí, ha cedido a Unidas-Podemos una de sus facultades exclusiva. Sánchez es sólo Presidente de dos tercios de Gobierno… De traca.

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