Desaborido compás de espera

Agapito Maestre

Nadie deja de esperar que algo gordo pasará. Es como si estuviéramos en un trémulo compas de espera. Sí, parece que solo se "gobierna", sea cual sea el rango de la administración, nada más que en beneficio de los profesionales de los partidos políticos. El Jefe del Gobierno dice cosas raras, embustes y paparruchadas acerca de que ha comenzado una nueva época. Su arrogancia chulesca empieza a molestar hasta a los de su propio partido, por cierto, uno de ellos, Emiliano García Page, que está en la poltrona desde que llevaba pantalones cortos, le ha hecho una crítica aguda al reconocer que este tinglado del PSOE con los separatistas y populistas tiene poco recorrido, y habrá que convocar cuanto antes elecciones generales. La España política vive en una extraña atmósfera. Todo es como parece. La puñetera mentira es la única verdad de un régimen político en almoneda. "Compás de espera", "a verlas venir" o, simplemente, "aguanta la canícula" son los títulos de esta representación política que ya sabemos sus dos posibles finales: más de lo mismo, una España tan asimétrica como autonomista, o "repúblicas ibéricas", es decir, cantonalismo a la carta como en la Iberia de antes de la llegada de los romanos, o sea prehistoria.

Y mientras tanto, mientras llega ese final, todos conspiran contra todos, incluso en la mismas bandas hay fracciones irreconciliables o ¿acaso el rollo del master de Casado no está montado por el fuego amigo?… No se gobierna, la oposición es blandita, los terroristas salen de la cárcel sin cumplir las condenas, los separatistas se forran con el dinero de todos los españoles. Y todos los actores políticos parecen estar de acuerdo en que es menester aguantar un poco más… La casta trinca y el resto mira. La mayoría de los jornaleros de retratar la cosa pública, o sea, los periodistas y gentes del gremio, hacen como que critican y simulan que la política española no es peor que la de nuestros vecinos. ¡Falsificadores de la misma falsedad!

Perdonen, lectores de mis entretelas, que no siga por aquí y pase rápidamente de este tedioso período político de una normalidad rara, de palabras ridículas y exageradas que disimulan la falta de coraje cívico de nuestros políticos y casta periodística. Ese fárrago de convencionalismos resobados por las sucias manos de quienes se dedican a administrar y a retratar lo público son las últimas expresiones de un final de régimen político.

Pero antes de irnos unos días de "veraneo", es un decir, porque en España pocos pueden darse el lujo de estar más de una semana fuera del curro, aprovecho para recordar que los españoles son más pobres y más incultos que hace una década. Están más tiesos que la mojama. ¿No se lo creen? Peor para ustedes, creo que viven tan engañados como aquellos que dicen: "las vacaciones son para leer". Ilusos. Sí, la mayoría del personal utiliza los tiempos de ocio para leer, o sea, asocia la lectura a más quietud, descanso y relajo… Imagino que quien lee para "serenarse" acaba fácilmente dormido. ¡Mejor, por supuesto, esto que nada! Pero no me creo que se lea más en verano que en invierno. Cuestiono el precepto de que la lectura es la principal forma de descanso. Nunca he comprendido ese canon, porque yo, como millones de seres normales, leemos como respiramos. No hace falta extenderse en dar explicaciones sobre qué sucede si uno no respira… Pues eso, si leer es como respirar, entonces hay millones de "muertos de lectura" que creen resucitar en agosto porque leerán un librito. Eso no es resurrección sino supervivencia. ¡Progreso maldito de la cultura!

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