De la Hispanidad e Hispanoamérica

Agapito Maestre

Isabel Díaz Ayuso sigue diciendo cosas importantes. No es poca cosa para un político. Su visita a la Hispanic Society, en Nueva York, lugar emblemático de defensa del patrimonio artístico, literario y cultural español, es para celebrarlo. La fotografía ante el gran mural de Sorolla vale por todas las fotos de las famosas Cumbres Iberoamericanas. (¡Qué pasaría con todo ese cuento de malos cuentistas! Imagino que nada. Todo era cartón piedra del felipismo-aznarismo). Quien no sea capaz de ver la relevancia de España, en realidad, de toda la idea de hispanidad, contenida en ese mural de Sorolla, es que no sabe dónde vive, o peor, actúa de mala fe, como es el caso de la prensa española que apenas ha comentado el acontecimiento.

Por estulticia moral, o por su pobretona culturilla y escasez de ideas propias, la prensa española en particular, y los medios de comunicación en general, no ha sabido interpretar en su justa medida el significado político, histórico y cultural de esa visita. A los directores de los grandes medios les ha sobrepasado el acontecimiento. Pero lo real estaba delante de sus ojos. Díaz Ayuso se ha plantado en Nueva York y no ha mendigado nada. Al contrario, ha dicho soy española y reivindico la hispanidad en el debate de culturas universales; y, por si fuera poco, lo ha hecho en una institución con tradición, medios y un buen futuro por delante para seguir divulgando las tradiciones culturales españolas en USA.

Parece que Díaz Ayuso con esas declaraciones se toma en serio la política cultural. Lo del Papa y el mal rollo del presidente de México, AMLO, queda en poca cosa al lado de su defensa de la hispanidad. Eso es Política Cultural con mayúscula. No creo que Díaz Ayudo pretenda, como todos sus antecesores, convertir la cultura y las políticas culturales en un sucedáneo de otro tipo de políticas. La presidenta de la Comunidad de Madrid ha dado algunas muestras relevantes de que no va de boquilla con este trascendental asunto. Sólo mencionar la sencilla idea de hispanidad es ya todo un acontecimiento en el ámbito de una inexistente política cultural genuinamente española. Ni los Gobiernos socialistas ni los del PP se tomaron nunca en serio la Política Cultural. Ésta no pasaba y no pasa de ser un instrumento para ocultar las carencias de genuinas políticas nacionales; o peor, todo lo referido a cultura era un cajón de sastre sin pies ni cabeza. En el mejor de los casos, la política cultural quedaba reducida a gastar dinero en comprar artistas, intelectuales y gente de esos perfiles para hacer propaganda a favor del Gobierno de turno. La política cultural era mera propaganda.

La defensa de la hispanidad, en este páramo de políticas culturales de corte nacional, es toda una bocanada de aire fresco para quienes creemos que las tradiciones culturales españolas son todavía grandes fuerzas históricas y sociales que pueden transformarse en potencias individuales. La cultura hispánica al servicio de la emancipación de los ciudadanos es una gran idea. Mas si la señora Díaz Ayuso quiere que nos creamos su afirmación de hispanidad, por favor, no se quede en las palabras, o en la organización de unas cuantas festividades de coros y danzas sobre el pasado español e hispanoamericano. Dé, por favor, un paso más. Atrévase a impulsar y crear una institución capaz de enseñar a los madrileños de todas partes del mundo, empezando por los de los antiguos virreinatos de España en América ("España nunca tuvo colonias"), qué fueron y qué son España e Hispanoamérica. Imagínense, por poner un par de ejemplos, a un mexicano en Madrid aprendiendo a amar autores como sor Juana Inés de la Cruz, Valbuena, Alfonso Reyes, Vasconcelos, Paz, o ensayistas y poetas actuales del tipo Gabriel Zaid. Daría cualquier cosa por la existencia de una institución que mostrase a los miles de venezolanos que viven en nuestra comunidad quién es Bello, Mariano Picón Salas, Uslar Pietri, etcétera, etcétera… En resolución, es menester una gran institución que sobrepase los pobrísimos planteamientos del Instituto Cervantes para enseñar a los madrileños, españoles e hispanoamericanos la principal singularidad de la cultura hispánica: el centro está en la periferia y, naturalmente, la periferia está en el centro. Solo atreverse a desarrollar esta idea, que va más allá de la vindicación de lo hispánico, dejaría reducidos a la marginalidad a indigenistas, comunistas y populistas. En todo caso, vaya mi felicitación a la presidenta de la Comunidad de Madrid por haberse atrevido a vindicar lo hispánico frente a los atropellos revolucionarios y terroristas. La defensa de la hispanidad desde el poder político de una comunidad es todo un acontecimiento. Es el discurso político más serio de la democracia: la política cultural nunca puede ser un sucedáneo de la política económica o social.

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