La Biblia en verso

Agapito Maestre

Leo la prensa del domingo. Muchos liberales y demócratas genuinos, supuesto que existan, están asustados con la cosa digital. ¡Como para no estarlo! El golpe de Estado de las urnas montado en Estados Unidos por el Partido Comunista Chino, el Partido Demócrata y un sector importante del Partido Republicano de USA los ha puesto en guardia. Nada de eso se podría haber llevado a cabo sin la colaboración de los grandes medios de comunicación. La Internet y el mundo digital, dominado por los más poderosos, tienen acobardado a gente inteligente, o mejor dicho, que se perciben muy por encima del resto de los mortales a la hora de analizar qué pasa en el mundo. Estos liberales buscan desesperadamente los enemigos de las sociedades abiertas para combatirlos, pero fracasan, no los hallan. Luchan contra fantasmas, a veces, terribles por su invisibilidad.  

El gran error de los luchadores a favor de la libertad es que buscan a sus enemigos fuera de las sociedades libres, pero los tumores, los verdaderos enemigos de la sociedad abierta, están adentro. Eso es, exactamente, lo que determina la sociedad decadente. Quizá tengan alguna razón quienes mantienen el sofisma de que una sociedad decadente es casi siempre víctima de su singular éxito. En este contexto hay personas inteligentes que no consiguen digerir la salida de Trump de la Casa Blanca. Por un lado, siguen poniendo a parir al personaje, pero no logran entender, por otro lado, que este hombre se ha enfrentado de modo muy serio y, a veces, con inteligencia, a todo aquellos que los tienen asustados. En verdad, miles de liberales acaban de descubrir con las últimas elecciones presidenciales de USA que los de GAFAT (Google, Amazon, Facebook, Apple y Twiter) tratan de eliminar no solo a los Estado-Nación, sino también a las personas, a los individuos, que se conciben primero en un país y, luego, en el mundo capitalista.

Los defensores en España del poder y el dinero, dos factores clave de las sociedades abiertas y solo hasta cierto punto secularizadas, se han percatado con lo de Trump que ellos corren peligros similares. Tengo la sensación de que si no hubieran echado a patadas a Trump de la Casa Blanca, seguirían en la inopia. Seguirían felices con sus cuentecitos y sin enterarse de nada ¡Pobre gente! Ojalá se ponga al día y, por fin, dejen en paz a quien se enfrentó a todos aquellos malvados que quieren convertir la pluralidad humana en multitud animal. Sí, sí, quienes siguen hablando mal de Trump, sin reparar en lo que este tipo ha conseguido en los últimos cuatros años para el mundo libre, seguirán dando vueltas como mulas en la noria.

Y, por supuesto, consideren falso de toda falsedad a quienes han calificado, o mejor dicho, descalificado el Make America Great Again, de Trump, por reaccionario. Ni reaccionario ni futurismo reaccionario son expresiones validas para el que seguirá siendo, durante mucho tiempo,  el eslogan de las sociedades libres y abiertas: Hagamos que América vuelva a ser grande. Eso pasa, naturalmente,  porque no haya esclavos en China ni desempleados en Detroit, ni guerras en las que participe USA y las relaciones entre Israel y los países árabes sean pacíficas. En fin, querido lector, perdóneme mi crudeza expositiva y más aún que haya utilizado la expresión del gran Carulla para darle título a esta columnita.

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