Amor a la verdad

Agapito Maestre

Nadie con inteligencia puede aplaudir la gestión del Gobierno de España de la crisis de la covid-19. Tampoco habrá muchas personas con sentido moral que crean muy oportuno homenajear a 28.000 víctimas de la enfermedad, cuando los cálculos más realistas se acercan a la cifra de 50.000. Solo los fanáticos y los inmorales pueden justificar tanta estulticia, mala fe y y afán de dominio del Gobierno en la crisis de la covid-19. La voluntad de poder Sánchez-Iglesias es tan demencial que incluso han montado un homenaje a las víctimas para mayor gloria del Ejecutivo. Nunca renunciará esta gente a sacar provecho de las miles de muertes de la epidemia. Así es su perversidad. Sí, el acto del Palacio Real se ha organizado tarde y mal. Y sospecho que lejos, muy lejos, de los ciudadanos de a pie. Pasará pronto. Los organizadores ya se encargarán de que pase sin pena ni gloria para las víctimas, entre otros motivos porque está concebido para ocultar su ineptitud y mala fe.

Este acto del Palacio Real no busca otra cosa que la impunidad del Gobierno. Sin embargo, la mayoría de las víctimas se ha rebelado contra el Ejecutivo y, con más fe que realismo, cree que "no se irá de rositas" por su catastrófica gestión de la epidemia. Me gustaría compartir su opinión, pero me temo que lo peor ya ha pasado para el Gobierno de Sánchez-Iglesias. La oposición, o mejor dicho, el pésimo modo de hacer oposición al Gobierno, ha contribuido holgadamente a que esta gente salga poco tocada por su ineptitud. La prueba está a la vista: la oposición ha tragado con este extraño homenaje, en verdad un esperpento, pues que han muerto más de 50.000 y solo se recordará a 28.000.

Por fortuna, digo, han aparecido diferentes plataformas en el llamado ámbito de la sociedad civil que tratan de poner en cuestión al Gobierno por la vía jurídica. Por ejemplo, el hijo de una víctima, Mariano Durán, entrevistado por LD, ha creado una gran plataforma de afectados por el coronavirus, Derecho a la Verdad, que en solo dos semanas ha conseguido recibir miles de apoyos. Ojalá tengan suerte y salga adelante la gran demanda colectiva que preparan contra el Gobierno. Aunque yo soy muy escéptico con este tipo de acciones, entre otras razones porque la justicia, o mejor dicho, el poder judicial, come en las manos del Gobierno de Sánchez-Iglesias. A pesar de todo, nunca podemos dejar de confiar en que salga el último trapo de la caja de Pandora. ¡La esperanza está a disposición de todos! Y, además, es lo último que se pierde…

En cualquier caso, porque no puedo sustraerme del sentimiento de militar en ese curioso mundo de los defensores de las causas perdidas, me adhiero a Derecho a la Verdad. El creador de esta plataforma tiene, seguramente, miles de razones para luchar por el derecho a la verdad, pero creo que, además, tiene algo que jamás tendrán Sánchez-Iglesias: amor a la verdad. Solo por eso me ha ganado para su causa. Amar la verdad es tanto como sentirse llevado imperiosamente a descubrirla, a trabajar e investigar por hallar nuevas certezas, a vencer la pereza de quien se conforma con las apariencia o superficialidades de las cosas. Amar la verdad es, en fin, una vía para ver las cosas como son más allá de prejuicios y engaños. Amar a la verdad es, pues, el primer paso para combatir la mentira gubernamental.

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