El cementerio de la Historia

Luis Herrero Goldáraz

Una de las cosas por las que "pasar a la Historia" es una expresión desafortunada es que su significado puede ser una cosa y la contraria. A la Historia se pasa como héroe o como villano, eso lo sabemos todos, pero sobre todo se pasa como muerto, lo que hace más difícil entender a nuestro presidente. Él habló de "una de las cosas" por las que pasará a la Historia y yo no sabía cómo descifrarlo. No sabía si le estaba sacando lustre a su legado o si enumeraba temeroso los motivos que parecen presagiar su fin. No sabía si estaba contento o apesadumbrado. Si se lamentaba o se sacudía el pecho. Por no saber, no sabía ni qué es lo que entiende Pedro Sánchez por Historia, así que tuve que callarme hasta que el resto de analistas decidiesen el verdadero significado de sus aseveraciones.

Reconozco que todavía no lo tengo claro, pero por lo menos he podido gastar los días en fingir que pienso. Pasar a la Historia es una cosa peliaguda porque no es lo mismo que hacerla, creo yo. Uno no pasa, a uno le pasan. Y por eso chirría tanto que Pedro escogiese esas palabras, teniendo en cuenta que se refería claramente a otras distintas. Decir de uno mismo que pasará a la Historia no sólo trasluce soberbia, sino una inmensa estupidez. Puestos a elegir, siempre es preferible decir que se ha hecho Historia y dictar después cómo la tendrán que recordar quienes vengan por detrás.

De todas formas, a poco que se hayan tenido quince años y un miedo más o menos pronunciado a la muerte uno sabe que eso de ser un personaje histórico está francamente sobrevalorado. Sólo los adolescentes y los ignorantes fantasean con quedar en la memoria de una humanidad que si algo ha demostrado a lo largo de los siglos es que no se sabe rememorar. Es mejor perderse en el olvido que dejarle a otros desmemoriados la tarea de tener que recordarte, que es lo mismo que olvidarte sólo que de una forma más violenta. Pero esto sólo lo sabemos quienes descubrimos hace tiempo que la Historia es cualquier cosa menos lo que la mayoría piensa de ella.

Lo más probable es que Sánchez se moviese en otro plano bien distinto. Un plano como el que maneja el progresismo "eterno", es decir, cortoplacista y mentiroso, así que se entiende que le hiciese tanta ilusión creer que su nombre quedará grabado bajo un busto en una plaza madrileña. Quizá la peor rémora del marxismo tenga que ver con haber infiltrado en la retina de quienes gravitan en su órbita su vena historicista, de tal manera que los políticos de izquierdas no puedan ya evitar la fantasía de imaginar su nombre siendo ensalzado en el futuro. No saben que en la Historia se puede entrar de muchas formas, pero nunca como uno mismo se imagina. Y es curioso que no lo sepan teniendo en cuenta que en lugar de trabajar por el presente prefieren sellar su legado cuestionando los fantasmas del pasado. Si alguien debería conocer la fugacidad de las leyendas es quien fundamenta la suya propia en derribar las que le precedieron.

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