Erre que erre

José T. Raga

La verdad es que, querido señor Presidente, no me lo imagino a usted blandiendo la espada para defender su honor ofendido, en expresión del castellano antiguo sostenella e no enmendalla, pues ya encontraría algún subalterno que lo hiciera mientras usted viajaba a lugares lejanos.

Lo que sí deja traslucir dicha expresión, así como el título de estas líneas, es su terquedad, aunque en el siglo XXI la encubra –un gesto de cobardía– en el llamado gobierno de coalición; como si usted nada tuviese que ver.

Recuerdo, o recordamos, cómo ante cualquier problema planteado –situación nada rara– usted y su vicepresidente, a la sazón el señor Iglesias, hacían mención constante a un documento que, por sus referencias, consideraban como documento constitucional, nunca conocido por los españoles del montón; como si la apelación fuera aceptable, aún cuando todos los españoles fuéramos idiotas.

Y ahí seguimos; usted erre que erre, sosteniendo sus errores, sin importarle el coste que están provocando para España y para los españoles. Visto desde fuera, debe reconocer que a usted no le va eso de gobernar. Usted es prolijo en viajes –algunos sin saber por qué–, abundan en su curriculum las visitas, las fotos estrechando manos, guardias a las que pasar revista, pero gobernar… Muchos dudamos de que haya leído algún texto legal de los que se presentan en el Congreso pretendiendo su aprobación.

Recuerdo una respuesta, a una pregunta embarazosa, que viene al caso, y de verdad que siento referirme a ella. Fue cuando se le acusó públicamente de haber plagiado su Tesis Doctoral, y en el frenesí de la discusión dijo, probablemente literal: "Bueno, pues la leeré para ver qué es lo que he plagiado". Una forma de cortar la discusión, lo comprendo, pero, para los que lo oímos, llegamos a la conclusión de que estaba plagiada, y de que ni siquiera usted era el plagiador. Para algunos eso no se ha olvidado.

Sin embargo, su terquedad sigue incólume. No hace caso a nadie, y si a alguien, a la coalición. Las advertencias le llueven por todos los lados: Fondo Monetario Internacional, Banco Central Europeo, Comisión Europea, Banco de España, Círculo de Empresarios, mundo académico, etc.

Todos han rechazado por ser contrarios a Derecho y por sus efectos devastadores, las dos glorias por las que piensa pasar a la historia: el impuesto a la banca y el impuesto a las eléctricas, así como su indulgencia con la malversación. Sólo ha conseguido una opinión favorable, la de la coalición, que conseguirá poner en duda el propio sistema democrático.

En la Unión Europea ya se ha llegado a la conclusión de que en España es imposible, por sus informaciones contables, saber a qué se han dedicado los recursos recibidos desde Bruselas para la recuperación económica.

Nadie se fía de un dato suyo, vamos, de sus amigos al frente de las oficinas encargadas de elaborarlos. Pero usted erre que erre.

¿Puede ocurrir algo peor para España que haber perdido el crédito?

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