Independentistas y gorgojos acechan a la Federación Española de Montaña

Pedro Gil Ruiz

Si un montañero, pongamos de Teruel, después de patear y atrochar por los Montes Universales, decidiese ir a los Alpes, ascender al Mont Blanc y acometerlo por la ruta normal, pasaría la noche en el refugio de Goûter, a 3.835 metros de altitud. La Federación Francesa de Clubes Alpinos es su titular. Una vez allí, enseñando la tarjeta que le acredita como miembro de la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (Fedme), tendría un descuento sobre el precio del hospedaje. Se le está aplicando el Tratado de Reciprocidad en los refugios, firmado por las federaciones nacionales de montaña en el año 1978.

Ahora bien, si ese mismo montañero quisiera hacer cumbre en el Aneto, y pernoctase en el refugio de La Renclusa, a 2.138 metros -en el valle de Benasque, provincia de Huesca- propiedad de la Federación Aragonesa de Montañismo, al enseñar su tarjeta federativa española no tendría derecho a descuento alguno. Este absurdo entrará en vigor el próximo 1 de enero de 2023.

Los independentistas de la Federación de Entidades Excursionistas de Cataluña (FEEC), que abandonaron el Tratado de Reciprocidad en abril de 2015 sin que mediase conflicto ni disputa alguna, han logrado sumar a algunas federaciones territoriales (la vasca, navarra y aragonesa entre ellas). Pronto se les unirá la madrileña. Los presidentes de estas federaciones, cada uno con sus intereses personales que poco tienen que ver con la montaña, se comportan como el Gorgojo de la comedia de Plauto, el esclavo gorrón. En esta ocasión, el Gorgojo hace el trabajo sucio a la termita separatista, su ama. Buscan debilitar a ‘La Española’, como se conoce a la Fedme en el mundo montañero. Es un primer paso para dividirla y romperla.

Para el independentismo, las federaciones y clubes de montaña no son simples organizaciones deportivas, forman parte del entramado para fer país. El objetivo histórico de la FEEC ha sido fortalecerse, ampliar su presencia internacional y ser una competencia directa de la Federación española. Una desafección hacia el montañismo no catalán que tiene su origen en el primer tercio del pasado siglo.

En agosto de 1932 se reunió en Chamonix-Mont Blanc (Francia) el III Congreso Internacional de Alpinismo. Concurrieron 19 países representados por cerca de 200 congresistas y acordaron crear la Unión Alpinista Internacional. Dos años después, se citaron en Zaragoza las principales sociedades de montaña con la intención de constituir la Unión de Sociedades Españolas de Alpinismo. Los catalanes se opusieron. Así lo relataba la Revista Ilustrada de Alpinismo Peñalara: "En octubre (de 1934) se reunió en Zaragoza una Asamblea de Sociedades de Montaña. En dicho encuentro fue rechazada la propuesta de la Federación de Entidades Excursionistas de Cataluña referente a la constitución de una Federación Ibérica. Argumentaron los presentes que antes de llegar a una tan amplia asociación debe tenderse a la unión de las sociedades que en España laboran por el montañismo". La FEEC no asistió a ningún otro encuentro.

En los momentos más álgidos del ‘proces’, la Federación independentista tuvo un notable protagonismo. Apoyaron a los presos y consideraron la cesión de sus sedes para la consulta ilegal. El 4 de noviembre de 2017, Joan Cardona, entrenador del equipo catalán de esquí de montaña, comunicaba que sus esquiadores no participarían en los Campeonatos de España por la situación política. A los pocos meses se les unió el equipo de carreras por montaña, renunciando a disputar la Copa de España.

Pero ¿qué ha sucedido para que ahora logren apoyos en federaciones territoriales que, con excepción de la vasca, les han sido tradicionalmente refractarias -especialmente la Federación madrileña-? La explicación es sencilla. ¿Recuerdan ustedes cuando los Pujol, Mas y demás dirigentes de Convergencia y Unión, acosados por las investigaciones judiciales y la Guardia Civil por supuestas prácticas de corrupción, se convirtieron en independentistas furibundos? Pues algo parecido.

En enero de 2021 se produjo el cambio en la presidencia de la Federación Española de Montaña. Tras 28 años de mandato, Joan Garrigós deja el puesto. Propone a su delfín, el también catalán Bernat Clarella, que abandona al no contar con apoyos. Es elegido Alberto Ayora, coronel del Ejercito de Tierra que, entre otras muchas responsabilidades, había sido Jefe del Departamento de Instrucción y Adiestramiento de la Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales (EMMOE) de Jaca.

El señor Garrigós no fue un mal presidente, pero en estos asuntos de desafíos independentistas, se reveló como un aventajado alumno del teólogo Miguel de Molinos y su quietismo. Un "lo lamento" fue su respuesta cuando la FEEC abandonó el Tratado Internacional de reciprocidad o cuando los equipos catalanes boicotearon las competiciones nacionales.

El nuevo responsable de la Fedme es conocedor de la tercera ley de Newton, según la cual para cada acción hay una reacción igual y en el sentido opuesto. Pongamos un ejemplo. Supuestamente, el presidente de una federación territorial acuerda con la compañía aseguradora percibir una retribución en función del número de pólizas contratadas por los montañeros. Un cohecho. Puedes mirar hacia otro lado o denunciarlo. Si haces esto último sabes que corres el riesgo de que el Gorgojo se resista, se una a otros congéneres y creen la Confederación Ibérica de Federaciones montañeras, donde cada uno podrá seguir con sus negocios y los independentistas no tendrán a una Española por encima de sus cabezas. Es un riesgo, pero el presidente de la Fedme, el coronel Alberto Ayora, no practica el quietismo.

Posdata. El pasado mes de junio, en plena crisis por la imputación del presidente de la Federación de Tenis de Madrid, el Gobierno de la Comunidad inició los trámites para asegurar un control más efectivo de la gestión y funcionamiento de las federaciones deportivas. Es urgente y necesario.

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