El principio del fin de la guerra en Ucrania

Enrique Navarro

Winston Churchill capituló la Segunda Guerra Mundial en seis tomos cronológicos con unos títulos que resumen a la perfección la evolución del conflicto y en particular la posición del Reino Unido en el curso de los combates. Perfectamente cada uno de estos tomos es asimilable a la evolución del conflicto de Ucrania.

Capítulo 1. ¿Cómo se fraguó la tormenta?

En el caso ucraniano, este capítulo nos retrotrae al intento ruso de anular los acuerdos de Ucrania con la Unión Europea, la huida de Yanukovich a Rusia, después de estar dispuesto a una masacre, la guerra de 2014, con la ocupación de Crimea y del este, la búsqueda de argumentos y justificaciones por parte de Rusia para iniciar la guerra y la actual invasión. Todo un conjunto de burdas mentiras y operaciones de falsa bandera para vender lo que a todas luces era una agresión.

Capítulo 2. Su mejor hora

Este capítulo refleja el tremendo esfuerzo en solitario de Ucrania en las primeras semanas de combates, claves para entender todos los acontecimientos posteriores. El desistimiento ruso de ocupar Kiev y de ocupar todo el país, estuvo fundado en la resolución ucraniana de defender su soberanía e integridad, siendo conscientes del enorme sacrificio al que debían enfrentarse, estando solos y con una enorme creencia generalizada en Occidente de que aguantarían unas pocas semanas al poder militar ruso.

Capítulo 3. La gran alianza

Esta parte debería mostrar el compromiso occidental en apoyar a Ucrania con armamento y formación, y sobre todo con el despliegue de unidades de combate en las fronteras de Rusia para enviar un claro mensaje de unidad y fortaleza. Hoy en día Ucrania combate con efectividad gracias a la decisión occidental de defender la democracia en Europa a cualquier precio frente a la tiranía y sobre todo refleja un compromiso de solidaridad y unidad con la que Putin nunca contó.

Capítulo 4. El gozne del destino

Narra el caso de la Segunda Guerra Mundial en el año 1942 con las primeras grandes derrotas alemanas en el Alamein y en Stalingrado. Muchísimo sufrimiento quedaba por delante, pero desde ese momento el destino cambió de lado y la victoria aliada era cuestión de tiempo. La liberación de Járkov, la mayor ciudad ocupada por Rusia y la consiguiente retirada es perfectamente asimilable a lo que significaron estas batallas en 1942. Pocas son las guerras en las que una retirada de esta envergadura acabó en victoria.

Pero todavía no es suficiente para afirmar que el destino se ha revertido del todo. Ahora el reto ucraniano es aguantar la ofensiva rusa en el este. Con el frente del sur paralizado y separado por el ancho río Dniéper sin puentes, y ninguna maniobra es más difícil con el enemigo enfrente que cruzar un río, la guerra se decide en un frente de más de quinientos kilómetros, ya cerca de las dos capitales del Dombás que quedaron bajo control ruso en 2014. Este puede ser el Stalingrado ruso. En 1942 una gran contraofensiva alemana para detener el avance ruso, acabó en una gran tragedia. Si Rusia no comienza a recuperar terreno rápidamente, la moral se derrumbará y los ucranianos para entonces habrán hecho acopio de hombres y material para la siguiente parte del capítulo.

Capítulo 5. El anillo se cierra

Si los acontecimientos se producen como ocurrieron en 1943 y 1944, los ucranianos irán cercando a los rusos en el Este y recuperarán terreno en el sur. Sería el equivalente alemán de las derrotas en Rusia, en el norte de África e Italia y el desembarco de Normandía. Los rusos desmoralizados y sus líderes cada vez más cuestionados, ni siquiera sería descartable un ataque a la Guarida del Lobo por un Von Stauffenberg ruso, habrán perdido lo que es fundamental para ganar una guerra, la moral de victoria. Ucrania en la primavera, no solo habrá duplicado su capacidad militar sino que estará mejor posicionada para el ataque definitivo. Obviamente hay una diferencia notable; mientras que Alemania era arrasada en 1945, Rusia permanece intacta, pero no debemos minusvalorar el impacto que las sanciones están produciendo en la economía y población rusa, y no olvidemos que la gente del siglo XXI soporta muy mal casi todo lo malo y no está dispuesta a sacrificios por una guerra absurda en la que casi nadie en Rusia ya cree.

Los ataques que vemos en estos días con misiles a las infraestructuras ucranianas, recuerdan los ataques de las V-1 y V-2 en 1944 y 1945 contra el Reino Unido. Más de mil misiles alcanzaron sus objetivos en el territorio británico, mientras que otros tres mil se dirigieron contra París, Amberes y otras ciudades. Hitler estaba convencido de que con estos ataques a las ciudades y sus infraestructuras doblegarían la voluntad aliada y ganaría la guerra. En esta línea debemos interpretar los recientes y masivos ataques contra las ciudades en Ucrania. Es la misma estrategia desesperada; mientras que Rusia debería estar preocupada de destruir la capacidad militar ucraniana, pretende hundir la moral de una nación que siente atacada. Pocos casos conozco en la historia en los que estas estrategias hayan dado resultado. Habrá miles de muertos, pero el sentimiento de defensa se fortalecerá mientras que la moral del enemigo se hundirá al percatarse de que su guerra no solo es absurda e injusta, sino que en el fondo se percataran de que son unos criminales que solo buscan matar y destruir, lo que solo ha estado a la altura en la historia de personajes como Hitler o Stalin.

Capítulo final. Triunfo y tragedia

El último capítulo se titula "Triunfo y tragedia", y es en este en el que quiero centrarme. El triunfo ucraniano dará paso a una gran tragedia, similar a la que ocurrió en 1945. Descubriremos el horror de las fosas comunes y de las ejecuciones y tendremos un país destruido que debe ser reconstruido con rapidez, porque su esfuerzo en la defensa de Occidente lo justifica. Pero a esta tragedia se unirá una enorme, la ruptura del orden mundial que conocemos desde 1945. A pesar de la Guerra Fría, entonces existían mecanismos como la ONU y las conversaciones e intercambios comerciales y económicos que permitían creer en la disuasión y en el mantenimiento de un difícil equilibrio de paz. Pero, si no hay una involución en Rusia, los instrumentos que han asegurado la comunicación y la globalización durante casi cien años se habrán esfumado. El mundo estará abocado a nuevos conflictos sin mecanismos de seguro, y esto producirá una enorme catarsis en la seguridad global.

En este nuevo mundo, la primera organización que requiere de una reforma profunda es el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, no tiene sentido que países como Rusia y China que representan valores contrarios a la carta de Naciones Unidas y a sus valores tengan un asiento que no tiene Alemania o Japón, como tampoco es sostenible que la Unión Europea no tenga ese asiento europeo para articular una gran alternativa democrática y libre frente a la amenaza totalitaria. No podemos permitir ni un día más que los agresores usen las institucione multilaterales para maquillar sus desmanes, proteger sus intereses y permitir el constante atentado contra los derechos humanos de sus ciudadanos.

Es hora, como en Yalta en 1945, de que los aliados comencemos a definir el mundo de paz que queremos para el resto del siglo, y las lecciones aprendidas en esta guerra no pueden ni deben olvidarse.

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