Los "perfiles idóneos" de Pedro Sánchez

Carmelo Jordá

Por una vez estoy de acuerdo con el Gobierno y, más concretamente, con Félix Bolaños, y mira que es extraño para mí coincidir con el muy decepcionante ministro de Presidencia, del que se decían maravillas en casi todos los sectores cuando llegó y ahora se echan pestes incluso en los ambientes más próximos y fervorosamente sanchistas.

Pero no, hoy Bolaños ha estado bien y ha utilizado el idioma con la precisión de un reloj suizo, al menos en parte de su intervención ante los periodistas tras el Consejo de Ministros. Me refiero, claro, al momento en el que ha dicho que el exministro Juan Carlos Campo y la hasta hace nada alto cargo en su propio ministerio, Laura Díez, son "dos perfiles idóneos" para entrar en Tribunal Constitucional a propuesta del propio Gobierno.

Y tan idóneos.

De hecho, no se me ocurre ningún perfil más idóneo que Juan Carlos Campo para la tarea que el amo Sánchez va a encomendar a los magistrados que cuele en el Constitucional, probablemente de forma ilegal o, al menos, absolutamente en contra del espíritu de la ley. No, no hay mucha gente que una la experiencia, las relaciones personales, los conocimientos jurídicos, el sectarismo y, sobre todo, la disposición a arrastrarse por el fango de la indignidad que sin duda atesora Campo.

Pocos como él capaces de defender cualquier cosa, de retorcer la Constitución hasta que no la reconozca ni la madre que la parió, como dijo el clásico, de permitir lo ilegal y prohibir lo legal siempre obedeciendo raudo a cada toque de la corneta monclovita, que ya sabemos que hoy puede decir nunca y mañana siempre con la misma sonrisa y sin mover una ceja. Y ahí estará Campo, imperturbable e inasequible a la dignidad y poniendo el listón tan algo que todo se va a colar por debajo.

Hay que reconocer que para esto Sánchez tiene un talento especial, como lo tiene para la mentira, sólo comparable a su osadía. Sí, la gran virtud política de Sánchez es saber reconocer a un esbirro en cuanto lo ve. Me dirán ustedes que eso les pasa a todos los políticos importantes, que viven rodeados de sobachepas y agradaores, pero no es cierto: saber detectar a aquel, aquella o aquelle que de verdad está dispuesto a cualquier cosa por la poltrona o, simplemente, por servir al amo no está al alcance de todos, no. De hecho, a la derecha y a una parte de la izquierda los esbirros le suelen salir rana y, en cuanto pueden, se pasan a la intriga o directamente al enemigo.

En cambio ahí tienen a Sánchez: con el armario a reventar de cadáveres y nunca le faltan "perfiles idóneos" para las tareas más bajas e inconfesables de la política más sucia. Así son los líderes: los hay que saben sacar lo mejor a los suyos y otros que se especializan en obtener lo peor de cada uno. Por desgracia, en nuestra política parece mucho más rentable lo segundo. Y así de bien le va a Sánchez.

A continuación