Islamismo

Zapatero en la COPE

Agapito Maestre

Ayer oí la entrevista que le hicieron a Zapatero en la COPE. ¿Zapatero en la COPE? Sí, sí, así es. Zapatero concedió, por fin, una entrevista a un periodista de la cadena COPE. Escuché la emisión por pura casualidad. Estaba desvelado por los gritos de la chusma que celebraba la cutrez de la Noche en Blanco de Madrid. Qué horror. La madrugada del sábado al domingo en Madrid fue, ciertamente, para olvidar. Cientos de miles de ociosos estaban tirados en las calles del distrito centro, que es donde yo vivo, para celebrar ese engañabobos de "cultureta" para patanes que se ha sacado de la manga y de los impuestos de los madrileños el alcalde Ruíz-Gallardón, y yo tratando de conciliar el sueño con una radio en mi oreja. Imposible.

La vela se me presentaba larga. Estaba jugando con el dial de mi transistor y de repente me encontré con la voz Zapatero. Me detuve, encendí la luz y comprobé que el presidente del Gobierno hablaba para los micrófonos de la Cadena COPE. En efecto, tras seis años de ausencia de esta radio, informa la página web de esta empresa de comunicación, el presidente del Gobierno ha sido entrevistado en un programa de madrugada. ¿De madrugada? Sí, sí, es como si Zapatero quisiera cambiar lentamente los hábitos de los sufridos oyentes de este importante medio de comunicación. Mejor, dirá Zapatero, entrar de noche y a hurtadillas, o sea a altas horas de la madrugada, que de día y con todas las emisoras a pleno rendimiento. La verdad es que este inicio de temporada de los medios de comunicación promete algunas sorpresas. ¿Sólo sorpresas? Sí, aunque quizá alguna de ellas nos deje estupefactos.

Pero volvamos a la entrevista. Era, como casi todas las que ofrece el presidente del Gobierno, campanuda, empalagosa y vacía. Era, una vez más, la negación de la comunicación política. Oía al Zapatero más genuino, al político, seguramente, más perseverante de toda Europa, como decía en mi última columna, que ha conseguido vaciar de sentido el acto democrático por excelencia, a saber, dar cuenta, explicar cuál es el significado de su política. Su obsesión es convertir la comunicación política en mera cháchara. Ruido para ocultar lo decisivo. Tópicos y naderías para enmascarar sus verdaderos propósitos, supuesto que a estas alturas de la legislatura sean otros que mantener el país en un permanente marasmo.

La interpretación de Zapatero del 11-S, que era el asunto central de la entrevista, se movía en esa nebulosa ambigua y tercermundista del "todo mundo es bueno", y el terrorismo es la consecuencia de la pobreza. Falsedades fácilmente desmontables de un discurso melifluo y falsamente pacifista. Sin embargo, cuando Zapatero defendió la construcción de una mezquita en la zona cero de Nueva York, es decir, allí donde los terroristas islamistas han golpeado con mayor dureza a Occidente, dejó ver con nitidez sus verdaderos propósitos. Más aún, nos puso sobre aviso de quienes son sus socios preferentes en la escena internacional, a saber, Irán y Turquía. ¿O es que acaso la alianza de civilizaciones de Zapatero difiere en algo a la ideología defendida por los presidentes de Irán y Turquía?

Zapatero está a favor de que se construya una mezquita en la zona cero, naturalmente, recalca el presidente, siempre que sea un lugar de culto. ¿Qué otra cosa podría ser una mezquita que un lugar de culto? Terrible. En fin, detrás de la perorata sobre la mezquita en la zona cero hay, en mi opinión, una defensa exagerada del islam que hace evidente, por un lado, cuáles son los principales socios de Zapatero en la política internacional y, por otro lado, cuestiona la crítica a la violencia, o sea, al terrorismo surgido de mundo islamista.

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